La casa de los espíritus

Teatro, Drama
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La casa de los espíritus (Foto: Marianela Trueba)
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La novela homónima de este montaje teatral –escrita por Isabel Allende y publicada en 1982 por Editorial Sudamericana– goza de un inmejorable prestigio como bestseller latinoamericano. Es precisamente su éxito comercial, más que su honda calidad literaria, en donde radica la valía de esta obra.

A ello se suma una también exitosa versión cinematográfica, cuyo único pecado fue incluir a demasiadas estrellas angloparlantes en personajes latinoamericanos, pero que gracias a este reparto logró afianzarse en el gusto del público.

La dramaturga estadounidense Caridad Svich realizó la adaptación, que ya ha sido estrenada tanto en Estados Unidos como en el propio Chile, país en el que sucede la acción en el siglo XX, marcado por la dictadura y la represión.

Ahora llega a México, gracias a la voluntad de las actrices Maya Zapata y Johana Murillo, quienes involucraron a los productores Ana Bracho y Claudio Sodi para levantar una producción de gran formato. Desgraciadamente, las buenas intenciones de estos cuatro se ven mermadas ante una puesta en escena carente de solidez.

Si bien Artús Chávez es uno de los maestros del arte del clown en nuestro país, como director teatral no halló los asideros suficientes para conducir un proyecto de estas dimensiones. La dramaturgia es lo primero que se lo impide: es obvio que no respeta cada evento de la obra literaria, pero su construcción resulta antidramática, anticlimática y plana. Además, carece de los dos elementos fundamentales, que encumbraron la obra de Allende: el contexto político, aquí apenas sugerido, y el realismo mágico que proponía una visión noventera de lo que una década atrás logró Gabriel García Márquez con Cien años de soledad.

Estos baches apetecían ser salvados por un reparto compuesto por actores cercanos al teatro y al cine, como Tomás Rojas. Sin embargo, no consigue transitar todas las etapas que propone el complejo personaje del protagonista Esteban Trueba, quien representa la dictadura y el caciquismo, motivo para una rebelión que la obra jamás evidencia. Tampoco hay una propuesta sólida en el resto del reparto (insisto, compuesto por grandes actores).

Por Enrique Saavedra

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