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La invasión de los estandoperos

Todos conocemos a uno. Parece la profesión de moda, pero, ¿son la evolución natural del humor del mexicano o son una llamarada de petate cómico?

Gonzalo Curiel
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Gonzalo Curiel
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Héctor Suárez Gomís
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Héctor Suárez Gomís
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Jurgan Schrifteller
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Tomás Strasberg
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De pronto tomaron nuestras calles y nuestros escenarios, aparecieron en el correo electrónico, en los eventos de Facebook y en nuestros planes de viernes, entre risillas nos enteramos que un amigo era uno "de esos" y cómo olvidar el dramático caso de la oficina que descubrió que su jefe tenía su propio show de stand-up y fue obligada a verlo contra toda señal de decencia y respeto al departamento de Recursos Humanos.

Es la revolución del stand-up mexicano. ¿O el renacimiento? ¿O la toma del poder? Habrá quien diga que siempre ha estado ahí, que Palillo, Clavillazo y Tin-Tan hacían stand-up en las carpas mexicanas, que la voz de la América Latina desde México era la de gente en los treintas haciendo stand-up con cabello relamido escribiendo la historia de la radio, que Raúl Astor, Paco Malgesto y el Loco Valdés eran todos standuperos-late night comedians y como ellos Polo Polo, Adal, René Franco y etcétera.

Pero no, esta generación también mira a Jerry Seinfeld, George Carlin, Chris Rock, Jay Leno, Saturday Night Live y a todos los ídolos del stand-up gringo que han pasado la barrera de los bares humeantes de cigarro hasta llegar al cine, televisión, la fama y los millones. Y es que llevan ventaja, el stand-up viene practicándose en Estados Unidos y El Reino Unido más o menos como lo conocemos desde el siglo XIX, como alternativa obvia y cercana a los shows teatrales fastuosos que las guerras y postguerras impedían producir, seguidos de Argentina, España y al fin, nosotros.

El más simple de los espectáculos, un hombre frente a su público, encuerado de toda producción, armado con nada más que su ingenio, sus experiencias y su cuerpo como principal herramienta de expresión. Y de ahí han surgido desde actores consagrados como Bob Hope, hasta contemporáneos como David Letterman, caras de hule convertidos en superestrellas como Jim Carrey, pasando por genios como Steve Martin, Richard Pryor y el mismísimo Woody Allen. Sí, ese que hoy se siente demasiado importante como para recoger sus premios de la Academia, comenzó burlándose de sí mismo en el pequeño escenario de un bar.

Esa es la característica más importante del stand-up, el actor es también su material, su escritor, productor y director, amo y señor de lo que pasa en escena y de la misma forma, puede alcanzar el nivel del más brillante de los genios o quedarse como el más insoportable del salón.

Pero volvamos a lo que pasa en México y antes que nada, decidamos cómo los vamos a llamar. Hacen stand-up, pero no los llamaremos stand-up comedians, ni usaremos el ridículo y forzado término "comediantes a pie", así que siguiendo con la mexicanísima tradición de castellanizarlo todo y sólo con el propósito de hacernos entender, en esta ocasión, les llamaremos estandoperos.

Pues sí, están en todos lados y sin lugar a dudas el mundo digital los ha hecho crecer y reproducirse como videos en YouTube ¿Pero de dónde vienen? ¿Dónde comenzó todo?

Dice la leyenda que la madre de esta batalla es Héctor Suárez Gomís, ese mismo que conocimos como hijo del otro Héctor Suárez, luego como actor de telenovelas de abundante cabellera, haciendo discos de abundante cabellera, comedia de situación cuando perdió la cabellera y que en algún momento decidió hacer de su vida una catarsis escénica y la transformó en un monólogo que llamó "El pelón en tiempos del cólera".

Y "El Pelón..." es un monólogo autobiográfico más teatro que stand-up que le abrió un espacio a Gomís y lo mantiene de gira desde hace años, se transformó en un libro y despertó la inquietud de una generación no de niños o adolescentes, más bien de mexicanos que ya tenían una vida hecha y no tan derecha cuando el stand-up los arrastró consigo.

Es el caso de Gonzalo Curiel, "@GonCuriel", como le conoce el mundo digital, la más brillante de las estrellas que brincaron del internet al stand-up de la mano de Gomís. Curiel dedica sus horas hábiles a amasar fortunas ajenas y sacar al mundo financiero de su crisis en una empresa. Por las noches hace stand-up impecablemente vestido como el financiero que es. Uno ya no sabe qué fue antes, si sus más de 60 mil seguidores en Twitter o el stand-up. Y así lo cuenta él: "Yo siempre quise ser escritor, pero me fui del lado del dinero, acabé en finanzas y me fue muy bien, pensé que esa era mi vida, hasta que empecé a poner frases en Facebook que a mis amigos les parecían graciosas, las llevé a Twitter, ahí me comenzó a seguir mucha gente desconocida y eso me volvió ambicioso, dije "¡Sí, soy chistoso!", empecé a hacer chistes, me hice popular en Twitter, y así fui a ver a Gomís un día. Ahí le conté que a mí me gustaba el stand-up por Seinfeld y qué era muy padre que él estuviera haciendo stand-up masivo, que a mí me gustaría hacerlo, (aunque en realidad nunca había pensado en ser comediante de stand-up) pero él ofreció apadrinarme en una presentación en el Café 22. Fue cuando empecé a armar y estructurar esa primera presentación, que me di cuenta que siempre había hecho stand-up con mis cuates, en las comidas, sobremesas con amigos y que toda mi mentalidad ya traía el stand-up adentro".

Hoy el stand-up es parte de su vida, al grado que está produciendo junto a Mauricio Jalife y Jurgan Schrifteller un espectáculo para él y sus colegas, "Standopados", que se presenta todos los viernes en el teatro Wilberto Cantón. Un escenario más grande que los acostumbrados cafés y bares, la prueba de fuego para el alcance y convocatoria del stand-up mexicano. Pero Gonzalo no está solo, junto a él está una veintena de estandoperos surgidos de todas las ramas de la vida, burócratas, actores, músicos, mujeres y hombres que hablan de su cotidianeidad desde su punto de vista, la familia, política, diversidad sexual, o como el caso de Tomás Strasberg, un actor argentino radicado en México. Tomás comparte con el público su salvaje experiencia en el Distrito Federal con el metro y sus chilangos. Es la antítesis del cliché argentino, uno humilde y con baja autoestima. En el pasado intentó crear un espectáculo de stand up hasta que pudo cristalizarlo: "Comencé a escribir una rutina de las cosas que me pasaban en México y que no entendía, así terminé en el festival de Stand-Up organizado por el dueño de Café 22, donde Gomís era juez y conocí a Gonzalo en el camerino con los finalistas.

Para ellos hay dos reglas en el stand-up, que el comediante escriba su propio material y que sea honesto, "si no es verdad, no es chistoso" Y afirman también que el fenómeno apenas comienza. "Standopados" es el primer espectáculo 100% stand-up que se presenta de manera periódica en un teatro. "Que Suárez Gomís fuera famoso ayudó al stand-up" dice Curiel "en su afán de apoyar al género, nos ayudó mucho con talleres, además de telonear su show." "En este espectáculo tenemos veinte comediantes, nueve con un show completo y todos trabajando en sus rutinas, además de muchos otros que ya se están preparando. Queremos que se vuelva una costumbre y que cada vez que la gente venga disfrute de un show distinto y aunque no tenemos medios masivos, tenemos el apoyo en las redes sociales". Tal vez sea cosa de tiempo para que los medios masivos presten atención y las estrellas del stand-up se vuelvan en las nuevas figuras de la comedia y la televisión nocturna.


Y es que porque somos mexicanos y nos sentimos muy chistosos, hay otra cara de la moneda. Al mismo tiempo que florece la bella y pródiga industria del humor parado, el stand-up se ha vuelto en la casa chica de todas las profesiones. Esos burócratas Godinez que en su momento eran DJs y ponían música en todas las fiestas de sus amigos, están migrando y tomando cursos de stand-up. O peor aún, subiéndose a decir disparates en las noches de micrófono abierto. Hay profesiones en más riesgo, los publicistas y la gente del mundo editorial están cayendo en eso y tropezando en el ridículo. Gente que de un día para otro pareciera tirar años de esfuerzo con el sueño de ser descubierto y empezar otra carrera en un mundo mejor y más glamoroso. Un mundo con groupies. Así que cuando entren al territorio stand-up, prepárense para las risas, pero también para lo peor y para la gente con menos talento que hayan visto en sus vidas, que entre ellos puede estar el futuro de la comedia.

¿Es que las mujeres no tienen sentido del humor? Por supuesto que sí, parte importante de los talleres del Café 22 son chicas dispuestas a transformar su vida en rutinas de stand-up. Entre las estandoperas más experimentadas está Sofía Niño de Rivera, una publicista que dejó su trabajo hace un par de años para dedicarse al humor y presenta su propio espectáculo con éxito  en distintos puntos del país.

Pero las gringas también nos llevan la delantera y aquí tenemos una muestra:

Phyllis Diller se retiró en 2002 a los 84 años y llegó a presentarse 85 semanas seguidas con su show, además de hacer películas y doblaje. Un clásico.

La Joan Rivers que las nuevas generaciones ubican como anfitriona de alfombras rojas y ácida crítica de moda, tiene una larga carrera en el stand-up que le permite tener un piso en Nueva York valuado en 29 millones de dólares entre otras propiedades.

Antes de su exitoso talk show, Ellen Degeneres presentó su espectáculo de stand up en cafeterías y bares, hasta 1986, cuando debutó en el show de Johnny Carson y alcanzó la fama que le permitió tener su propio sitcom.

La conocemos por sus películas y su premio Oscar, pero Whoopi Goldberg comenzó haciendo stand-up y aún se presenta de manera exitosa por todo Estados Unidos con su show “The Word According to Whoopi”

Todos saben de la exitosa carrera de Bette Midler como cantante, pero en sus espectáculos siempre ha mezclado el stand-up con la música e incluso tiene un álbum en donde predominan las rutinas de stand-up y las canciones son secundarias, Mud Will Be Flung Tonight, de 1985.

Comentarios

1 comments
Martha doguez
Martha doguez

Muy interesante, es increíble poderes reír, pero más increíble es hacer reír y yo quisiera poderlo hacer