La promesa

Teatro
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La promesa
Cortesía Danna Vazquez Prensa

La palabra guerra no alcanza a abarcar las vivencias que su sola pronunciación detona. Lo que comienza por una decisión política, se transforma en una bomba, en miles de pérdidas, pero además despliega sus consecuencias a lo largo de las décadas. Deja rastro en las ciudades y en las mentes de las personas.

En La promesa, el dramaturgo ruso Alexei Arbusov relata el sitio de Leningrado a través de la mirada de tres supervivientes. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta ciudad icónica (por haber sido el punto de partida de la Revolución Rusa) era un blanco de Hitler: deseaba exterminarla y con ello a su poder simbólico. Destruyó los puentes y durante 872 días la población fue presa bajo los bombardeos, asaltos y un frío de -40º C. Las cifras oficiales reconocieron 600 mil muertes, pero otros hablan de más de un millón; sin embargo, casi la totalidad fueron por hambre.

Lika (Yadira Orozco) busca resguardo en un departamento vacío, come lo que puede, no más de 125 gramos de pan al día, quema las fotografías de esa casa ajena para darse un poco de calor. Un día, después de una batalla, Marat (Sergio Bonilla/Daniel Bretón) regresa a su casa y se encuentra con que ya no está vacía. Tiempo después aparece Leo (Jorge Luis Chávez), un hombre herido a quien ellos cuidan hasta que se alivia. Los tres entablan una amistad profunda cuyos códigos solo podrían entenderse en un contexto en el que la rutina es la guerra misma.

La obra se desarrolla en tres periodos: durante el sitio, la posguerra y cuando Leningrado se recupera y comienza su desarrollo industrial. Sin embargo, todo sucede dentro de la misma habitación que se transforma tanto como ellos. El término de la guerra los deja con una sensación de nostalgia y se preguntan: “Miles murieron para que fuéramos felices, ¿lo somos?”.

La directora Luly Rede, quien inició su carrera teatral en el propio San Petesburgo –antes Leningrado– aplica en esta puesta en escena su formación en las técnicas chéjovianas: piezas psicológicas en espacios cerrados en las que los personajes se enfrentan a su enemigo oculto, ellos mismos. 

Los pesados abrigos, el uniforme militar de Marat y en general el vestuario de Ben-Hadad Gómez y la escenografía de la propia directora en conjunto con Javier Tovar, nos hacen viajar en el tiempo. Sin embargo, por momentos regresamos a la realidad por la falta de aislamiento acústico del teatro: se escucha todo lo que sucede afuera.

Pero se les perdona por abordar un momento de la historia que por muchos años fue maquillado y cuya su magnitud ha sido rescatada en fechas recientes con investigaciones que hablan incluso de una fuerte presencia de canibalismo durante el asedio nazi.

Según Nietzsche, la humanidad se define por su capacidad de prometer. La confianza en que a pesar de lo terrible del presente, existe un futuro hacia el cual proyectar sentimientos de amistad como los de Lika, Marat y Leo.

Por Ana Emilia Felker

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Teléfono del evento 3095 4077
Sitio web del evento http://www.teatrolacapilla.com/inicio/
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