Mi querido capitán

Teatro, Comedia
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 (Foto: Cortesía de la producción)
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Una historia sobre la pasión carnal, que parece amor, entre un capitán y un subordinado plantea que más allá del prejuicio sobre la homosexualidad, lo que realmente es un tabú es el amor entre “machines”.

Esta sarcástica puesta en escena enumera los vicios de la miseria humana a partir de la importancia de la lealtad entre jerarquías de la milicia. El soldado Chetos, después de matar “accidentalmente” a un taxista, se excusa ante su regimiento alegando el tener altas influencias para salir bien librado del asunto. A partir de este asesinato el capitán se ve en la encrucijada entre defender su renombre o dejar que su amante haga que los demás le pierdan el respeto.

En medio de esta comedia encontramos decenas de referencias a las noticias habituales sobre una guerra contra el narcotráfico que nos plantean: ¿quiénes son los malos y quiénes los buenos?, ¿para qué sirve un aparato de inteligencia, que no tiene inteligencia?, y sobre los daños colaterales que ha dejado una guerra, más bien, un juego entre niños.

En esta ficción encontramos planteamientos como que los malos son cada vez más malos. Esto sirve como excusa para justificar acciones brutales y salvajes. “A futuro, nos joderemos a más malos que a buenos”, asegura el soldado Pachis ante los cuestionamientos a su trabajo.

Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio es el autor de este texto lleno de sátira política que es crudo y sumamente cómico a la vez; presenta un texto que se burla de la doble moral, del malo que se cree bueno y también deja al descubierto que lo únicamente detestable entre este grupo de hombres es cualquier muestra de humanidad.

Bajo la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui la obra toma un tinte sumamente irónico ante una realidad desgarradora y aterradora.

Por Irving Rivas

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