Negro de humo

Teatro, Drama
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Negro de humo
Foto: Cortesía de la producción

Aunque habla y habla sin descanso, no hay mucho que decir al respecto. Se trata de un hombre, pero podría ser el viento arreciando, el fuego incipiente o cualquier otra cosa a la deriva. Pero no: es un hombre en medio de un océano de botellas de plástico, aferrado casi siempre a una pequeña tarima de madera y a veces a una pila de periódicos. Es un ser que habla con alguien que no vemos, que planea un futuro distinto, lleno de bienestar y bondades. Piensa, tal vez, en salvarse.

Escrito y actuado por Fernando Bueno, bajo la dirección de Daniel Bretón, este monólogo concentra las inquietudes de ambos creadores escénicos, fundadores e integrantes de la compañía B. Teatro, ir hacia el fondo de la nada y el vacío que habita en tantas vidas que transitan por las calles, todos los días, en cualquier región. Todo el desasosiego del mundo vertido sobre un solo hombre, un náufrago de su propio tiempo y espacio, exiliado de sí mismo.

Bajo la clara influencia del universo de Samuel Beckett, Bueno y Bretón construyen su propio universo, dialogan con el irlandés, consigo mismos y, sobre todo, con un público que aunque no alcance a asir todos los elementos de la propuesta, sabe que ese personaje inusual le está hablando sobre su propio ser y estar en la vida. Lo realmente inusual y agradecible es la capacidad del director, el dramaturgo y actor para, desde su juventud, tocar fondo como no todos –aunque se jacten de ello– se atreven.

Obra difícil de ejecutar y de digerir pero que, en el fondo, es angustiantemente hilarante. Porque ya lo dijo el propio Beckett en otra obra suya: “no hay nada más divertido que la infelicidad”. Fernando Bueno y Daniel Bretón –apoyados por la escenofonía de Esteban Ruiz Velasco– nos lo recuerdan en un monólogo hecho con una irónica sonrisa, o tal vez con una dolorosa carcajada de por medio.

Por Enrique Saavedra

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