No queda nada que decir

Teatro, Teatro contemporáneo
0 Me encanta
Guárdalo
No queda nada que decir
Foto: José Jorge Carrión. Cortesía Teatro UNAM

“Beckett se vive y se padece antes, durante y después de verlo, de leerlo o de interpretarlo”, dice Nailea Norvind, actriz que goza del reconocimiento de un amplio público gracias a sus intervenciones en diversos proyectos televisivos, pero que disfruta aún más el riesgo que implica el teatro íntimo y la profundidad que ofrecen textos como los del dramaturgo y narrador irlandés, pieza fundamental del teatro contemporáneo.

“Hay tantas formas de acercarse a Beckett y abordarlo: una es verlo sobre el escenario, lo cual es lo ideal, porque el teatro debe ser visto. Sin embargo, leerlo también es una absoluta delicia, porque deja todas las posibilidades a tu propia imaginación e intuición y te lleva a canalizarlo a través de lo que estás padeciendo en la vida”. En su caso, el encuentro con el autor fue como espectadora del montaje Esperando a Godot que Agustín Meza estrenó en 2002 con los actores Gustavo Muñoz y Hariff Ovalle en los emblemáticos personajes de Estragon y Vladimir.

Precisamente, Hariff Ovalle acompaña a la actriz en este encuentro profesional con el autor de Final de partida y Los días felices. Sergio Ramos y Georgina Tabora completan el pequeño reparto que interpreta 5 obras breves de Samuel Beckett dirigidas por cinco jóvenes y destacados directores: David Jiménez, Mariana Gándara, Juan Carrillo, Mónica Jasso y Damián Cervantes.

“A Beckett es difícil asirlo y definirlo: y eso es fascinante. Estoy en contra de las etiquetas. Descubro que lo que denuncia Beckett en la mayor parte de sus obras es que es imposible definir quiénes somos,” considera Nailea, quien participa en tres de las cinco obras, que fueron traducidas por Alberto Lomnitz y coordinadas por Martín Acosta.

Señala que obras como Pisadas, Juego y Catástrofe, en las cuales actúa, “son un grito desesperado ante el dilema de la vida, de la condición humana, de no saber si somos o estamos, de sentirnos inadecuados con nuestra piel, ante el que está enfrente, ante el gobierno que tenemos y el mundo en que habitamos”. Las piezas Imprompu de Ohio y Arrullo completan el repertorio propuesto por Teatro UNAM como parte del ciclo Los grandes dramaturgos del siglo XX.

Al hablar, Nailea hila idea tras idea, palabra tras palabra, cada una más entusiasta y emocionada que la anterior. Hay en cada gesto y cada reacción un placer absoluto ante el vacío, la asfixia y la desesperanza. Hay en su expresión un deleite por saltar cada noche hacia el abismo y tocar fondo, llegar a la nada y, al salir de ella, sentirse acompañada por un público al que ella intenta, en cada función, hacer cómplice de su desasosiego y de una sutil esperanza.

“En cada obra hay una tortura: en Pisadas camino sin cesar en una especie de limbo; en Juego una luz se enciende y apaga para que cada uno de los tres personajes continúe contando una historia; Catástrofe nos refleja en la ironía del teatro, el intento de un director por hacer una obra maestra, es tan absurdo que te mueres de risa. En las obras de Beckett se combinan la agonía y el humor”, declara con una amplia sonrisa la protagonista de obras como Electra y las máscaras y La inauguración.

Con la seguridad que caracteriza sus pasos y palabras, Nailea Norvind afirma que está consciente de la responsabilidad que conlleva el representar a un clásico tan demandante: “Cada una de las obras requiere de diferentes aspectos de ti mismo y si no estás al cien por ciento para venir a dar una función de Beckett, no lo logras. No puedes tomar un tequilita para relajarte, no puedes no haber dormido bien, no puedes más que tener todo tu ser concentrado para poder hacerlo bien”. Todo sea por decir algo, aunque no haya nada que decir. 

Por Enrique Saavedra

Publicado

LiveReviews|0
1 person listening