Otra vuelta de tuerca

Teatro
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Otra vuelta de tuerca
Andrea López

Dos fantasmas, dos actores, un foro pequeño e íntimo. La entrada a Otra vuelta de tuerca, un clásico de la literatura inglesa escrito por Henry James bajo la dirección de Mauricio Jiménez. La adaptación está a cargo de Jeffrey Hatcher.

Sobre el piso, ropa victoriana despojada de los cuerpos que las habitaron. Una luz débil amarilla como la locura que nos entrega a la obscuridad, el penetrante silencio del cubo negro.

La cuarta pared se disuelve desde el inicio, estarás cerca de los actores, respirándolos, también de los espectadores. La iluminación (un acierto que se agradece) está a cargo de Fernando Flores. Toda está hecha para crear atmósferas sensoriales.

El sofá funge como contenedor de sorpresas. Esta obra no tiene armazón, está desnuda igual que sus personajes: el texto de Henry James los enfrenta a sus fantasmas, la vuelta inesperada como un espejo de la bajeza humana.

Cuando el diálogo inicia, de inmediato llama la atención que sea tan literario. Los dos actores tienen como única herramienta sus cuerpos, con los cuales enfrentan la densidad de esta obra que un decepcionado James escribió tras la muerte de sus padres y su hermano menor.

La pieza nos sumerge en la tensa y al mismo tiempo ingenua desesperación de la joven institutriz interpretada por Diana Fidela, por salvar a dos huérfanos de la indiferencia de su tío (Tomás Rojas), quien con un manejo supranatural del cuerpo nos invita a cuestionarnos sobre aquello que no es real pero que de tanto imaginarlo, estalla una noche.

Esta mujer, inexperta sexualmente, materializa dos fantasmas perversos que harán al espectador girar junto con los actores al más puro estilo Henry James. La inocencia perdida como una afilada guillotina seduciéndonos. La historia humana de dolor, decepción e intriga. Una puesta en escena de belleza sorprendente y extraña, sin utilería, sin más escenografía que los cuerpos de los actores. Un ejercicio teatral impresionante.

Al terminar la función pregunté sobre el traductor de la adaptación, un escritor tijuanense: Federico Campbell. Ya decía yo, la obra tiene la fuerza de la palabra.

Por Susana Iglesias

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Teléfono del evento 5622 6955
Sitio web del evento http://www.teatro.unam.mx/
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