Riñón de cerdo para el desconsuelo

Teatro, Comedia
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Sus nombres son Gustave y Marie, pero podrían llamarse Vladimir y Estragón. Tienen un sauce incipiente y se colgarían de él cuando crezcan sus ramas, al igual que planean hacerlo los personajes de Beckett, pero si lo hicieran, no podrían continuar juntos.

A través de los diálogos, el dramaturgo Alejandro Ricaño abraza al autor irlandés con este franco homenaje a él y, obviamente, a su obra capital Esperando a Godot.

Ricaño nos sitúa en Francia, previo a la Segunda Guerra Mundial, para presentarnos a Gustave, un fracasado poeta y dramaturgo que vive bajo la frustración y, peor aún, bajo la sombra de un joven y exitoso escritor que resulta ser Beckett.

Ricaño nos conduce por una historia de obsesión, rivalidad y codependencia. Marie depende de Gustave y él de ella, aunque se empeñe en ocultarlo bajo sus maltratos.

Aunque también es director de sus obras, en esta ocasión, Ricaño confía su comedia a Angélica Rogel, quien se pone al nivel exigido por este texto. Como el mejor Teatro del Absurdo (así fueron etiquetadas las obras de Beckett), entre más carcajadas incrédulas provoca, más penetra en el desencanto que habita en cada uno de nosotros, sin importar si comprendemos todos los referentes teatrales y literarios con los que el autor sazona su riñón de cerdo.

La cereza del pastel de esta nueva temporada es la elección de sus actores. Como Gustave, Omar Medina echa mano de los recursos de impro y cabaret, logrando un personaje neurótico, patético y, sí, muy divertido. Como la fiel Marie, Pilar Cerecedo entrega una actuación conmovedora y entrañable.

Ambos se desplazan en la multifacética escenografía de maderas diseñada por Mauricio Ascencio, con la seguridad de escenificar una de las mejores comedias y en una de las reposiciones más afortunadas.

Por Enrique Saavedra

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