Somos Beat

Teatro, Teatro contemporáneo
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Somos Beat
Foto: Cortesía de la producción

Las aportaciones fundamentales de la cultura estadounidense del siglo XX para el mundo son el jazz y la literatura de la generación Beat. En México, está de sobra aclarar la importancia que el jazz ha tenido dentro de la música aquí realizada. Lo que quizá no todos ubican es la presencia de los principales autores beats en nuestro país y la influencia que esto tuvo dentro de su obra, además, claro, de los ritmos sincopados y las sustancias enervantes.

Lo anterior queda de manifiesto gracias a un elemento que los beats pasaron por alto y que ahora es el puente para evocarlos y revisitar su obra y sus pasiones: el teatro. A partir de un espectáculo teatral escrito y realizado por Flor Aguilera, William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg resurgen de la muerte para volver a los bajofondos de la poesía, el sexo, el alcohol y la droga, y así volver a morir lentamente a través de un ritmo de vida acelerado, frenético y sucio: como el jazz de los sótanos de Nueva York.

Los beatniks escriben a partir del sonido sincopado. Por eso, lo primero que ocurre en escena es la música: un trío conformado por Sergio Galván, Luri Molina y Paco Godoy acompañan una travesía que tiene como punto central al México de la década de los cincuenta, particular infierno y paraíso de estos jóvenes poetas que, en el camino, son rondados por una bella figura femenina: es su amante, su musa, su droga. Es la música interior, la poesía misma y la muerte.

Fragmentos de Aullido, Mexico City Blues y Queer se fusionan con piezas que dieron gloria a Charlie Parker y Charlie Mingus. Esto es completado con el humo de los cigarrillos, el espacio y la luz clandestinos que propone Mauricio Ascencio. En su ópera prima, Flor Aguilera unifica con arrojo e inteligencia la música, la palabra y la acción. Aunque abusa del recurso de la voz en off de Álvaro Ruiz, la cual podría redondear la puesta en escena si estuviera sobre el escenario y no fuera de él.

Lo que más se agradece de un espectáculo de este tipo es que se prescinda de cualquier imitación física o vocal de personajes que siguen siendo objeto de culto y revitalización. Así, Eduardo Tanús, César Manjarrez y Adrián Ladrón –quien alterna con Sergio Solís– construyen desde su talento, entendimiento y sensibilidad a su propio beat. La fuerte presencia de Anna Cetti es fundamental para hacer humanos a tantos mitos.

Por Enrique Saavedra

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Marianito R

Excelente puesta, para quienes quieren ver nuevo teatro y no lo mismo de siempre.

Bravo por estas propuestas.

Saludos