Sonámbulos

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Foto: Cortesía de la producción

Si despertar del trance de lo cotidiano es difícil, mucho más lo es despertar del trance en el que se está inmerso tras un evento traumático del pasado. Eso es lo que le pasa a la familia que estelariza esta puesta en escena escrita y dirigida por Reynolds Robledo. Son intelectuales, gozan de una buena posición económica, pero algo les falta: hay un silencio que se ha instalado entre ellos, hay un dolor que cada quien sostiene y oculta frente al otro. Es un dolor que comparten y, a la vez, los aleja. Hasta que alguien decide externarlo.

Se trata de la segunda obra de largo formato del joven dramaturgo y director mexicano. En su anterior trabajo, Lobos por corderos Robledo exploró los límites del sufrimiento, la ética y la moral en un grupo de padres que perdieron a sus hijos en un accidente escolar. Ahora se concentra en una sola familia, la cual fue víctima de una tragedia que cada uno asume de distinta manera, viviendo un dolor indecible, sintetizado en el mutismo de Luis, el hijo menor de Elías y Nora, quien es la que detona el conflicto al anunciar que hablará, a través de un libro, de eso que les ocurrió.

A partir de referencias literarias como a Las olas de Virginia Woolf y una pléyade de autores universales suicidas –Hemingway, Plath– los personajes se desencuentran a fin de volver a reconocerse en el otro, de abrazarse sin miedo a los recuerdos no asimilados. Mónica Dionne y Hernán Mendoza encabezan la familia que completan los hijos Ana González Bello y Pablo de la Rosa. Como la abuela hippie, Paloma Woolrich ofrece un equilibrio a la intensidad de la situación y, sobre todo, una nueva creación actoral. Con su música, Juan Manuel Torreblanca ameniza la duermevela. 

Por Enrique Saavedra

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