Sonata de otoño

Teatro, Teatro contemporáneo
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Sonata de otoño (Foto: José Jorge Carreón)
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Sonata de otoño (Foto: José Jorge Carreón)
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Siete años después, Charlotte regresa a la vida de Eva. El reencuentro familiar parece perfecto, hasta que la invitada se entera que allí también vive Elena, una hija a la que Charlotte hubiera preferido no ver.

Este montaje es una poderosa pieza de asuntos familiares. Es la adaptación escénica de un filme del dramaturgo y cineasta sueco Ingmar Bergman.

Lo que en la pantalla grande pervive gracias al mano a mano entre Bergman y Liv Ullmann, obtiene una buena réplica en la dirección del cineasta Ignacio Ortiz y en la actuación de una de las dos actrices del reparto.

Aida López, quien interpreta a Eva, sostiene la fragilidad propia de los personajes de Bergman, a partir de matices que van de la ternura a la frustración, hasta llegar al reclamo contenido, casi irónico. Este no es el caso de Patricia Marrero, quien a pesar de su experiencia no logró dotar de complejidad a Charlotte, tal vez porque sólo tuvo un mes para ensayar. Entró como reemplazo de otra actriz.

La pasarela de madera que atraviesa el foro enfatiza la atmósfera intimista y asfixiante de los diálogos de Bergman.

Es una disección que, de tan bien cimentada en su texto, acaba por herir y sanar. Aunque, en el caso de este montaje, la herida podría ser difícil de cicatrizar. Faltó tiempo –fundamental si es un Bergman– para que el director y una de las protagonistas se sumergieran en el frío de la noche otoñal.

Por Enrique Saavedra

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