Traición

  • 4 de 5 estrellas
0 Me encanta
Guárdalo
Traición
All rights reserved, Ariette Armella
Traición de Harold Pinter

¿Qué cuál es el germen de mis obras? Seré tan preciso como pueda al respecto. Ingresé en una habitación y observé que había una persona parada y otra sentada, y entonces escribí La habitación; entré en otra habitación y vi a dos personas sentadas y escribí La fiesta de cumpleaños, luego entré a otra y vi a dos personas paradas y escribí El cuidador, y así ha sido…”. Puede sonar simple, pero debajo de esta idea, expresada por Harold Pinter en una entrevista que le hizo una revista académica inglesa, está contenida su arma, y una de las claves de su poética: personajes en conflicto contenidos en cuatro paredes; una olla express de emociones. Sumemos que Pinter y la escena teatral londinense ya era afi cionada a los dramas naturalistas de autores norteamericanos como Tennesse Williams y Arthur Miller; y que, además de sus vivencias como adolescente judío y pobre durante la Segunda Guerra Mundial, conoció de primera mano a los existencialistas y al teatro del absurdo representado principalmente por Samuel Beckett. Así que, cuando Pinter escribió Traición en 1978, ya era voz célebre de lo contemporáneo, y por su experimentación en la estructura, su obra Traición es un referente obligado. Aquí, el británico rompe con las formas tradicionales de la percepción lineal del relato y revela desde el inicio el gran secreto; sin embargo, al invertir calculadamente la cronología de los hechos y desenredar la trama desde el presente hasta el momento de la primera transgresión, logra que la tensión crezca en proporciones insospechadas.

Dos ex amantes, Jerry (Juan Manuel Bernal) y Emma (Marina de Tavira) se reúnen para charlar después de dos años de haber terminado su clandestina relación. En situación cotidiana, Emma –tal vez perversamente– le revela un secreto que involucra a su marido Robert (Bruno Bichir), mejor amigo de Jerry. La reacción que provoca la noticia en Jerry nos hace ver que sólo es la punta del iceberg: bajo el agua se esconde una montaña de traición y venganza.

Complejos personajes, agudos diálogos, miradas mínimas que esconden una sofi sticada partida de engaños y manipulación, como es el amor, como es el poder, el sexo y el sometimiento.

Pinter es el poeta del silencio, de lo que no se dice. Entre sus diálogos se pueden encontrar cientos de acotaciones que lo indican. Y es ahí, en esos silencios, donde está el verdadero diálogo, el ritmo emocional de la obra, la reflexión metafísica o la batalla épica de una intimidad vacía y desgarrada.

Marina de Tavira, actriz de sólida carrera después de interpretar impecablemente los grandes arquetipos femeninos de los textos clásicos, ahora se vuelca en personajes adultos y contemporáneos que quedan mejor a su momento actoral; sin embargo, en su tono se siente aún la soga del viejo molde y, para profundizar en una Emma que encubre su abandono y lacerante manipulación, se necesita una mayor aprehensión de la realidad, más imágenes y más tangibles, así como intencionar su cuerpo con mayor malicia y libertad; Marina, dotada de porte, talento y disciplina, está al filo, a punto de. Bruno Bichir construye a un snob y cínico Robert, muy entrañable, aunque por momentos la ironía sin profundidad distrae de su trama emocional: un ego humillado que ataca con pasiva violencia hasta dar su golpe letal. Es sumamente gozosa la construcción que Juan Manuel hace del universo de Jerry, su familia, oficio, contexto, época, así como su carrusel emocional, sus inconsistencias, bajos instintos e impulsividad. La suspicacia está en hasta dónde mostrar, cómo contener, hasta dónde llegar. Esta triada de actores están metidos en un reto fantástico que ya en 1983 seguramente experimentó Ofelia Medina cuando, dirigida por Martha Luna, protagonizó el primer montaje de Traición en nuestro país. Otras obras de Pinter han sido montadas por directores de la talla de Ludwik Margules y Juan José Gurrola, y más recientemente por José Caballero.

Las obras de Harold Pinter demandan mucho del actor, pero también de una postura provocativa en la premisa del director. Enrique Singer, actor, director, maestro y productor teatral, lleva a escena esta obra tal vez de forma muy correcta. Singer dirige sobre un espacio sencillo e ilustra con detalles mínimos y bien elegidos el contexto de cada habitación y, para crear las elipsis, utiliza proyección de video que resulta muy efi caz y actual. Sin embargo, percibí cierta predisposición a una visión de productor más que de director, y es ahí donde se extraña una postura más fi rme, un discurso escénico capaz de ahondar más en la sombra, en la carencia humana, que en el ingenioso juego de estructura. Y es que hay que decirlo: Singer está apostando a hacer un teatro de calidad que resulte viable también como inversión, capaz de atraer al gran público, y que no por ello implique que los valores artísticos sean considerados de segundo orden.

Traición es una obra canónica de la dramaturgia del siglo XX. Un montaje de cuidada factura, por prestigiosos creadores de la escena nacional.

Por Silvia Ortega

Publicado

LiveReviews|0
2 people listening