Últimas alucinaciones de un hombre muerto

Teatro
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 (Foto: Cortesía de la producción Últimas alucinaciones de un hombre muerto)
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En el escenario un hombre nos habla de frente. Eso parece hasta que descubrimos que en realidad se dirige a sí mismo. Es un hombre de la calle, un perturbado mental que alguna vez fue alguien y ahora, sólo en ocasiones, recuerda su nombre.

A partir de la novela Molloy de Samuel Beckett, Carlos Talancón escribe y dirige esta inquietante puesta en escena sobre la vida de alguien sin vida. La historia se encuentra fragmentada en escasos recuerdos de una existencia inmersa en el “sistema”. Al mismo tiempo, es narrada desde la demencia del personaje, en la que basta agitar un ánfora para que se llene milagrosamente.

Este hombre perdido en las calles de la ciudad busca regresar a su casa. Aunque lleva varios días caminando en sentido contrario, no se da por vencido y sigue las pistas guiadas por la añoranza del hogar, de su mamá y de la infancia.

Acompañado de un bolso Louis Vuitton con sus más preciados objetos, este vagabundo se desplaza entre policías, viejas chismosas y charlatanes religiosos que viven de la rapiña en la misma jungla, pero que tienen de su lado la cordura y un lugar en la sociedad.

El personaje marginal es una inquietud actual en la dramaturgia y escena de Carlos Talancón. Con su anterior trabajo, Nahual, exploró el sentir de quienes mueren en el anonimato y ni siquiera salen en las páginas de la prensa amarillista. Con estos dos textos surge una reflexión sobre la soledad y la muerte.

Por Irving Rivas

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