Los juegos del destino

Cine, Romance
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Los juegos del destino

La nueva cinta de David O Russell podría inaugurar un género alterno de la rom-coms y catalogarse como psycho-romance: una historia cursi, pero con un trasfondo mucho más temperamental y depresivo en el que la relación amorosa de dos personas nace a partir de una soledad compartida, en lugar de una necesidad intrínseca por sentirse amado. Justo como Pat y Tiffany, dos personas maniáticas y con trastornos psicológicos que hayan la forma de rescatarse de su abismo de depresión.

Al igual que en su cinta anterior, The Fighter, Russell enfoca su historia en una familia disfuncional de clase trabajadora cuya vida gira entorno a los deportes. Los Solitano son fanáticos religiosos de los Philadelphia Eagles y su vida lleva ocho meses en debacle: Pat Sr. (un Robert De Niro compulsivo y empático), después de un problema con su pensión, sueña con poner un restaurante a través de su nuevo negocio de apuestas; al mismo tiempo, Pat Jr. (Bradley Cooper, impresionante) acaba de salir de una institución mental donde estuvo recluido después de que casi asesina a golpes al amante de su esposa.

Pat se muda al ático de sus padres, donde inicia con una filosofía positiva de vida para reunirse con su esposa a través del ejercicio y la lectura de Ernest Hemingway (aunque le irrita que el autor nunca pueda escribir “finales felices”). Al mismo tiempo, conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence, en el mejor papel de su carrera), una joven viuda que acaba de ser despedida por acostarse con todos sus compañeros del trabajo. Los dos deambulan entre medicamentos y un carácter violento; sin embargo, construyen un vínculo afectivo y asexual cuando Pat accede ser su compañero de baile, a cambio de que Tiffany le entregue una carta a su esposa (una situación ilegal, pues ella ha levantado una orden de restricción).

El director nos acerca a su historia a través de una cámara movediza cuyo eje visual está enfocado en las reacciones de sus personajes y en acercamientos a detalles precisos como las manos nerviosas de los actores o a la tristeza de sus ojos. Russelll, cuya fama en el set es lapidaria, tiene el talento para explotar la capacidad histriónica del elenco en sus obras. Cooper, cambia su arrogancia por una terquedad inflexible y explosiva; pero es Jennifer Lawrence quien se roba la película como una mujer herida que encuentra en su belleza una forma de mitigar su dolor, hasta que la amistad con Pat logra que se revalore como mujer. La gama de sentimientos que expone en Silver Linings Playbook, la catapultan como la mejor actriz de su generación.

A pesar de los clichés que se encuentran en el último tercio de la película (y un pequeño guiño a Lost in Translation), Silver Linings Playbook no se queda en un terreno artificial y se embarca en temáticas mucho más profundas, como las relaciones familiares y un cuento de amor feel-good. Sin embargo, lo primero que vendrá a la mente la hablar de esta cinta serán los ojos y la sonrisa maquiavélica de Jennifer Lawrence. Y no la querrás olvidar. Nunca.

Por Josue Corro

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