Timbuktú

Cine, Drama
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Timbuktú

De este lado del mundo, nos queda bien claro que tenemos la libertad de cantar cuando queramos, de jugar futbol con nuestros amigos, de vestirnos a nuestro gusto -incluso para atraer a otras personas- y de fumar cuando estamos al aire libre, aunque nos haga daño; pero ¿qué pasaría si alguien nos la quita?

Dentro del mundo que nos presenta el director Abderrahmane Sissako en Timbuktú, nominada al Oscar a Mejor película extranjera y recién estrenada en salas de la Ciudad de México, esa autonomía es desdeñada por un grupo de musulmanes extremistas que imponen castigos brutales a quienes no respeten sus leyes, contexto que no sorprende por las noticias que nos llegan de aquel lado del mundo.

El cineasta mauritano, realizador también de Esperando la felicidad (2003), parte de la ocupación breve en Timbuktú para exponer lo que sucede cuando estas culturas se imponen en territorios relativamente nuevos para ellos: comienzan a anular las libertades de las mujeres y minimizan el valor de la individualidad.

La cinta muestra a diversos personajes lidiando de diferentes maneras con el régimen musulmán y se enfoca en las consecuencias de las nuevas reglas en la tranquila vida de un hombre que vive en las afueras de Timbuktú, Kidane, un cuidador de ganado.

El protagonista y su familia -su esposa e hija- viven en una carpa no muy lejos de la ciudad. No tienen mucho, pero al menos los jihadistas no pasan por su tierra con frecuencia para verificar si están cumpliendo con el reglamento. La pasividad de Kidane da un vuelco cuando éste se deja llevar por sus impulsos y mata a un pescador, por lo que deberá responder a las crudas leyes.

Aunque Kidane y su familia son la puerta de entrada a este mundo, da suficiente tiempo para observar a otros residentes de la región, así como a unos jihadistas tomándose libertades respaldados por sus reglas. Son tantas las viñetas que se presentan para dar un panorama más completo de la situación, que de momentos se pierden los personajes principales y no logran conectar por completo con el público.

Al enfatizar el choque de idiomas, se expone la apropiación de Timbuktú por parte de los musulmanes como algo absurdo, puesto que las autoridades siempre necesitan traductor. En el mismo tono irracional se presenta el miedo hacia esta gente, y más cuando se ven los castigos que deben cumplirse, como 20 latigazos por jugar futbol.

Pese a la crudeza de las escenas y de la realidad que presenta Timbuktú, el filme adquiere gran belleza gracias a la dirección de Sissako y su fotógrafo Sofian El Fani, pues realzan los aspectos más hermosos de ese árido paisaje.

Aunque retrata un lugar en Mali, fue filmada en Mauritania; ésta fue la primera vez en que una cinta producida en ese país ganó el Premio a Mejor Película en los César, el equivalente al Oscar francés, y compitió por los Premios de la Academia en la categoría de Película Extranjera.

Mauritania es uno de los países del Medio Oriente que, pese a estar bajo un régimen islámico, se está atreviendo a hacer cine. El año pasado vimos La Bicicleta Verde (Haiffa Al-Mansour), el primer filme de Arabia Saudita que, además de estar dirigido por una mujer, llegó al Óscar. O el documental que realizó Jafar Panahi desde su arraigo domiciliario, Esto no es una película (2011).

Por Isaac Richter

Publicado

Detalles del estreno

Fecha de estreno martes 31 marzo 2015
Duración 97 min.

Reparto y equipo

Director Abderrahmane Sissako
Guionista Abderrahmane Sissako
Reparto Abel Jafri
Hichem Yacoubi
Kettly Noël
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