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Lugares para festejar tu cumpleaños

¿Dónde echar la cena y los tragos cumpleañeros? Te dejamos una lista de restaurantes y bares buenos, no tan caros, donde cabe mucha gente y respetan las reservaciones. ¡Muchas felicidades!

Belmondo

Recomendado

Intentaré hacer una reseña objetiva de este lugarcito, pero advierto que hay un elemento que me lo impide: el día que fui a comer ahí, tan sólo a tres mesas de distancia estaba Thom Yorke… ajá, el mismísimo cantante de Radiohead, junto a su guitarrista, Colin Greenwood, y algunos más. Así, casual. Masticando su comida. Bebiendo de sus vasos. Y eso no es lo peor: me dicen que ya era la segunda vez que iban. Como casi no soy fan, entonces sólo tuve un leve acceso de temblorina, y casi no se me atragantó la exquisita crema de alcachofa que estaba comiendo cuando los vi. Hay lugares que inexplicablemente tienen un éxito instantáneo. Este que ahora nos ocupa –al momento en el que cuento esto– tenía solamente dos semanas de abierto. ¡Dos se-ma-nas! En ese tiempo ya, que me conste, había ido Annie Clark, la de Saint Vincent, a cenar, y ahora los de Radiohead. Y no, no estamos hablando de un restaurante fancy de Londres o Nueva York. Esta es la esquina de Mérida con Tabasco, el mismo sitio donde antes había una lavandería abandonada, enfrente de un restaurante que vende tortas poblanas. Lo normal es que un restaurancito abra y se paren primero las moscas y luego unos cuantos clientes. Si es bueno, el boca en boca va llenándolo y llega un momento, luego de varias semanas e incluso meses, en que pueda volverse el lugar de moda. O no. Aquí algo raro pasó. En cuanto abrieron tuvo todas las mesas llenas y así se ha mantenido. Ahora tiene celebridades internacionales. Quizá la historia

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Roma

Broka Bistrot

Hace alrededor de 17 años, Café La Gloria abrió sus puertas en la Condesa, sin sospechar que las casas art decó del barrio pronto se convertirían en antros, tiendas y restaurantes. Toda proporción guardada, ahora que la Roma experimenta un momento de efervescencia similar, uno de sus restaurantes más representativos es Broka, donde el chef Marco Margain da rienda suelta a sus atrevimientos culinarios desde hace tres años. Lo que inició en un local de apenas 36 metros cuadrados, pronto se amplió hacia el enorme patio de una casa porfiriana, donde el hoy tan en boga mobiliario de autor invita a disfrutar de un ambiente desenfadado. Aquí comienzan las sorpresas: es muy fácil no encontrar el lugar, pues además de un pizarrón ubicado en la banqueta, el lugar no tiene un letrero,  ya que Margain prefiere que los comensales lleguen por la recomendación de un amigo. Afortunadamente, una vez que Foursquare haga lo suyo, un mesero te invitará a pasar al patio a través de la cocina, recurso que sirve para despejar cualquier incógnita sobre la higiene de este espacio. Después llega la segunda y afortunada sorpresa: el menú de tres tiempos (entrada, plato fuerte y postre) cambia todos los días, buscando con ello incorporar los alimentos más frescos, según la época del año. A la hora de la comida hay un menú sorpresa: un día te toca cochinita pibil y otro faláfel, por ejemplo. Con lo que sobra, preparan tapas por las noches para degustar algún mezcal o una copa de vino, y así evitan desp

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Roma

Centenario 107

Recomendado

Aquellos que ya le perdieron la fe al sur de la ciudad por su sobreoferta de bares cheleros con banda de covers, sepan que desde 2010 hay un lugar en Coyoacán que no le pide nada a los bares de la Roma. A diferencia de sus competidores, su atractivo principal no son las yardas y las papas. Se toman en serio su oferta culinaria. Hay desde bocadillos como tapas, pinchos y variedad de salchichas y ensaladas, hasta platillos más complejos como el medallón de atún con costra de pimienta rosa, ajonjolí con salsa de frambuesa y jamaica. ¡Y las pizzas! Pide la pablo, hecha de jitomate deshidratado, champiñón y queso búfala de mozzarella. ¿Otra? La Centenario, con deliciosa hoja de santa y nuez. En cuanto a bebidas, la oferta de cervezas rebasa los 140 tipos, tanto extranjeras como mexicanas artesanales. Entre las imperdibles está la St. Peters Honey Porter, de Reino Unido: oscura, espesa y con un discreto sabor a miel. Pero más allá de su cumplidora carta, Centenario 107 y su mezcla de bar hipifresa-coyoacanero ofrece a los comensales el shot centenario: bomba de midori, vodka y granadina. El lugar tiene una enorme barra, una hilera de mesas de madera iluminadas por ventanales y, en el centro, dos suertes de grandes jardineras –con todo y arbustos–para que los comensales beban sin la solemnidad de una mesa. Lámparas hechas con cubetas de meta y plantas colgantes en las paredes. ¿Qué conserva de ese Coyoacán clásico? El mood desfachatado que ya no se siente en otras zonas. Si no l

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Coyoacán
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Citizen Kane

Recomendado

Sobre Citizen Kane me preocupaban dos cosas: su ubicación y su nombre. Lo primero, porque Avenida de la Paz —refugio clásico de los noctámbulos sureños— suele tener una vida nocturna activa, pero irregular en calidad. La posibilidad de que este bar/antro fuera malo, era un volado temible. Mi segunda preocupación reforzaba la primera. Citizen Kane es una de las joyas más brillantes de la historia del cine y si el lugar, tan atrevido para ostentar ese nombre, no resultaba bueno, ardería Troya en mi interior. Por suerte, no fue así. Citizen y Kane (el primero un bar y el segundo un antro dentro de ese bar), resultaron una sorpresa positiva, sobre todo para los fresas sureños de más de 25 años. Citizen, con una decoración súpergringa de los años veinte, tiene ese toque decandente-glam de la época de la Prohibición que nos tiene encantados a todos últimamente. Sus paredes de ladrillo con simulaciones de anuncios viejos pintados en ellas y su luz baja, recuerdan el imaginario de la noche de Chicago y Nueva York. Es perfecto para la cena y el precopeo. La especialidad de la casa es, naturalmente, americana. El skirt steak, jugoso y suave, es excelente, pero en general basta con unas alitas para acompañar cocteles frescos como el jebediah (pepino, albahaca, extracto de uva y mezcal) y el jimmy gin (gin tonic con miel de agave y romero). La música electro permite la charla, pero va empujando a todos al baile y es ahí cuando la dualidad del sitio entra al juego. Si los ánimos fieste

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San Ángel

Salón Covadonga

Durante décadas fue una apacible cantina cuyos clientes se dedicaron a envejecer al tiempo que bebían y jugaban dominó. Pero algo pasó a principios de los dosmiles. Una cada vez más nutrida banda de escritores, cineastas, artistas plásticos, diseñadores, arquitectos, periodistas, bellas modelos extranjeras y personajes afines, fueron arrinconando a los parroquianos originales, y por esa costumbre informal de beber antes del fin de semana, se instauraron los “jueves de Covadonga”. Por unos años, los jueves a la medianoche se volvió prácticamente imposible moverse entre el tumulto de covadongueños que brincaba de una mesa a otra, saludando a los colegas del gremio. Un ambiente en extremo animado y sociable, por demás inusual si consideramos que la decoración tiene el mal gusto de un consultorio médico, las luces que iluminan el sitio son tubos de neón tipo oficina y que no se escucha música alguna, sino únicamente el ronroneo de las conversaciones y el plim plim de los cubiertos. Entre esa multitud se mueve un pelotón de meseros increíblemente diestros y de memoria prodigiosa. En algún momento, a la usanza de muchas cantinas, la fiesta se interrumpe cuando alguno de los clientes grita a todo pulmón el nombre de otro comensal. Pongamos por caso: “¡Juan Pérez!” A lo que los cientos de presentes, a coro, responden: “¡Uleeeero! ¡Uleeeero!” (bueno, la palabra no empieza precisamente con U), y luego vuelven tan campantes a sus conversaciones. Pero de un par de años a la fecha eso y

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Roma

Balmori Roofbar

Cuenta la historia que, en los años veinte, había un pillo de la Roma famoso por sus bromas, fiestero, ligador, multimillonario y compadre de Porfirio Díaz (extraño, ya que el expresidente murió en 1915 exiliado en París). Se llamaba Carlos Balmori y aprovechaba su fama de magnate para hacer travesuras que mostraban hasta dónde podía llegar la avaricia de la socialité mexicana. Después de hacer sus bromas (conocidas como “balmoreadas”), el hombre se quitaba el sombrero y el bigote falso y mostraba su verdadera identidad: una viejecita de más de 60 años llamada Concepción Jurado. El nuevo rooftop de la Roma retoma su nombre y rinde homenaje a este personaje. Balmori es un mix de las fórmulas de los bares más exitosos de la colonia: la terraza y diseño de Romita Comedor, la vegetación decorativa de Biergarten, la historia de un personaje del siglo pasado como Cassius, el concepto de bar de cocteles que nos tiene fascinados y el peltre de cada día. Por las tardes, hay un menú de tres tiempos por 150 pesos, rayos de sol cortesía de la casa. Hay cocteles interesantes, como el de xoconostle, con guayaba y mezcal, y, el mejor –que no está en la carta–, el pramble (gin, jugo de limón y licor de frambuesa). En general, decentes pero olvidables, al igual que su comida, que va desde edamames hasta hamburguesas rellenas de queso. El volumen de la música electrónica crea el resto del ambiente, pues es justo el nivel que te convence de tirar todas las preocupaciones por la borda, pedir

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Roma
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Alekzander

Consideremos que hasta hace apenas unas semanas en este mismo lugar había una franquicia de esos lugares de tortas que se llaman Subway, y ahora ofrece sus mesitas sobre la banqueta este asombrosamente bien decorado local que armoniza con el estilo art noveau del edificio que lo aloja: esa casona porfiriana que se conoce como El Parián. Muebles de anticuario y un segundo nivel con una bien surtida barra que por las noches sirve de lounge. Ese cambio radical de concepto habla muy bien del impulso que la Roma está tomando en los últimos meses. Queremos más restaurantes así y menos franquicias. El menú, en donde se indica claramente “cocina del mundo”, se divide en cuatro capítulos, que no tiempos: 1) Al horno de leña (con una oferta que abarca pizzas, paninis, empanadas y queso fundido, 2) De la cocina fría (en donde hay ensaladas, brusquettas, cebiches, tártara de atún, jocoque, 3) De la barra (con ingredientes para armar tu ensalada) y 4) De la cocina caliente (que sugiere tacos, hamburguesas, solomillo y pad thai). Después del nombre de cada platillo se indica, entre paréntesis y abreviado, su lugar de origen, así que tenemos platillos argentinos, mexicanos, tailandeses, italianos, peruanos, españoles, libaneses, franceses, etcétera. La idea es que se elige del menú sin importar el orden: una pizza puede ser una entrada, o la entrada es la hamburguesa y cerrar con la ensalada de la barra. Nosotros pedimos el cebiche peruano y la pizza de alcachofa con aceitunas. Del prim

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Roma

El Botellón

“El típico del callejón”, dice el letrero. Supongo que hablan de un callejón español, porque, la verdad, en la Condesa es bien raro encontrase con una casa de tres pisos destinados a la movidita nocturna a la madrileña (en su versión más pacífica, cabe aclarar). Por mucho que el letrero diga lo contrario, el Botellón es atípico, y eso está muy bien. La planta baja y el primer piso están destinados para comenzar la noche. Todo está puesto para que te dispongas a la fiesta, que comienza con cena y charla (el volumen es adecuado para hablar, lo cual merece un amplio reconocimiento). En mi mesa pedimos como marajás de Pocajú y, entre botella de vino, un par de montaditos, unos huevos rotos y una tablita de quesos y carnes frías, no fueron ni 500 pesos. Esto se agradece, pues hace notar que los lugares no tienen que ser ultracaros para verse bien y proveer de buen ambiente. En algún momento durante la cena, nos pasaron a dejar unas tarjetitas de lotería y dijeron que darían premios. Minutos después, en el micrófono gritaron “¡la luna!”. Gané un hospedaje en una playa a elegir. Fui feliz unos segundos, hasta que me dijeron que tenía que pagar entre 500 y 800 pesos para “asegurar mi premio”. No pagué. Mi primera reacción fue la desconfianza. Quizá debí. Quién sabe. Hay cosas que uno debe aprender a dejar ir… Por eso mejor subí al segundo piso y pedí una cerveza (para olvidar, para borrar el triunfo que no fue). Una amiga que había llegado antes que yo, me había advertido que arr

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Condesa

Legión Americana

No lo juzgues a primera visita, para disfrutar el encanto de este sitio hay que estar dispuesto a la sorpresa. Si vas un jueves en la noche, por ejemplo, puede que despiertes el viernes recordando que fuiste a una fiesta en una casa increíble “por ahí por la Condesa”. Incluso puede ser que recurras a tu celular y veas, tras la octava selfie con tus amigos, que había un dj poniendo música en lo que parece una mini pista de baile al lado de una barra bien surtida. Pero digamos que vas un martes por la noche: entonces te encontrarás con un lugar semidesierto de ambiente, digamos, peculiar. Televisiones prendidas en algún canal que a nadie le interesa, tres señores que te doblan la edad mirándote de reojo (los habituales originales, ya que es punto de encuentro de los veteranos de guerra estadounidenses que forman parte de la American Legion), salones con un montón de mesas desocupadas y un mesero que juega a ignorarte aunque sabes que te ha visto llegar. En ese momento no podrás creer que te encuentres en el mismo sitio y la decepción comenzará a invadir tu ánimo, pero justo antes de que “te pierdan” llevarán la carta y verás el menú de hamburguesas. Entonces te reconciliarás con la extraña casona californiana. Y es que su old fashioned cheeseburger (con 200g. de sirloin y queso amarillo acompañada de papas wedge por sólo 80 pesos) es un remedio contra la crueldad del mundo. Suave, jugosa y cínicamente engordadora, es light si la comparas con otra joya del menú, la legion burg

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Condesa
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Cabrera 7

Con una gran vista al parque Luis Cabrera y una campestre decoración (sillas de colores chillantes bordadas y murales dedicados al mezcal creados por el artista urbano Saner), el Cabrera 7 se antoja para disfrutar un coctel veraniego. Tendrás que preguntarle al mesero, quien te dirá qué pueden mezclar, ya que no hay carta de cocteles. Seguramente recomendará el trago de la casa: waya-khan, con mezcal, jamaica, guayaba y un toque de miel. El detalle de la carta inexistente se olvida rápidamente si eres fan de los mariscos, pues las almejas al tequila o el ceviche preparado al gusto son la especialidad durante la tarde. Por la noche, la carta cambia a antojitos mexicanos, como huaraches, sopes mixtos de bistec y longaniza, quesadillas y tortas de pozole (sí, todos los ingredientes del caldoso platillo en un bolillo). Aquí te puedes encontrar a oficinistas echando tragos, vecinos del barrio con sus perros en la terraza y, si eres de los groupies a los que les saltan los ojos cuando ven a un actor o actriz de telenovela, prepárate, chance hasta ves a Ludwika Paleta. El ambiente del lugar es muy versátil: puedes charlar en pareja, celebrar en grupo en las largas mesas para siete o hasta para ir solo y sentarte en una de las dos barras que rodean el lugar. En cuanto a la música, el rock en español combinado con salsa y el pop nacional lo vuelven algo aburrido, pero se gana un punto extra por el servicio, que es bastante eficiente.

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