Frantz

Cine, Drama
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Frantz

François Ozon es uno de los nombres que más suenan en la escena cinematográfica francesa actual. Desde su debut con Sitcom (1998) en la Semana Internacional de la Crítica en el Festival Cannes, el director parisino ha narrado historias que nos hacen cuestionarnos sobre los estándares sexuales con los que nos han educado. Esta vez se aleja de sus géneros habituales como el drama erótico, la comedia y la sátira para adentrarse en una cinta antibélica con una distinta exploración de personajes: Frantz.

La primera parte de la historia nos presenta a Anna (Paula Beer), una mujer alemana aún de luto por la muerte de su prometido Frantz Hoffmeister, durante la Primera Guerra Mundial. En una rutinaria visita al cementerio, Anna se encuentra con Adrien (Pierre Niney), un misterioso joven francés, quien también deja flores sobre la tumba de Frantz.

La mitad de la trama es objeto de comparaciones inevitables con el filme en el que está basada Broken Lullaby (Lubitsch; 1932) y no es para menos: Ozon toma prestado casi en su totalidad elementos de su antecesora, tanto que el volver a contar esta historia pareciera ser completamente innecesario; sin embargo, el realizador se separa de la cinta de Ernst Lubitsch con particular maestría al cambiar el punto de vista del afligido excombatiente, al de la mucho más interesante Anna.

Durante toda la cinta vemos cómo la doliente Anna se desarrolla en relación a Adrien, sus suegros y el ausente Frantz, pero también somos testigos de la transición del luto y una vida marcada por los otros a la emancipación sentimental y total independencia de la joven. Un refrescante triunfo ante la historia en la que se basa, guiado en gran medida por la muy notable actuación de Beer.

No obstante, estas buenas intenciones de Ozon están enmarcadas por una dispersión temática. En primer instancia Frantz se erige con un mensaje antibélico tocando de manera muy somera la humanidad detrás de quienes pelean las guerras; por otro lado se exploran las mentiras urdidas en favor de un bien más grande, ya sean las que cuenta Adrien a Anna y a los Hoffmeister, las Anna cuenta a sus suegros o, en mayor escala, la ausencia de conflictos armados que no significa precisamente paz entre los habitantes.

Además, otro de los puntos flacos de la cinta es que intente abarcar muchos frentes y no cumplir a satisfacción con ninguno. Sus momentos más efectivos, como el dolor por la pérdida, la relación entre Anna y su suegra o la conclusión de la travesía de la joven, se encuentran manchados por el despropósito de ser contada como una historia de amor que surge, de forma pavorosa, en medio de la tragedia.

Ya que el 90% de la película está en blanco y negro, la escala de grises resalta la estética de la época, tanto en vestuario como en paisajes, aunque los pequeños flashazos de color alegran los ojos. Además, los diálogos de los personajes transitan del romántico francés, al imponente alemán, con un equilibrio para no accidentar la trama.

A pesar de que Frantz sufre al contar una trama con claridad, es innegable que sus contemplaciones respecto a las dinámicas femeninas son dignas de aplaudirse. Pese a sus errores, Ozon entrega una obra ligera, por ratos dispar, con un bienintencionado mensaje pacifista, de misericordia y perdón, muy necesario en estos tiempos. 

Debemos aplaudir que François Ozon lo hizo de nuevo, nos invitó a dar un paseo por un camino hermoso que desemboca directamente en una cascada de amor ríspido, el cual termina en la sala donde se exhibe el romántico óleo de Édouard Manet, Le Suicidé de 1877.

Por Andros Pineda

Publicado

Detalles del estreno

Fecha de estreno jueves 4 enero 2018
Duración 113 min.

Reparto y equipo

Director François Ozon
Guionista François Ozon
Reparto Pierre Niney
Paula Beer
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