Casa de muñecas

Teatro, Drama
 (Foto: Alejandra Carbajal)
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Nora, ese extraño personaje que más de uno conoció en la secundaria o en la preparatoria a través de la lectura obligada del texto de Henrik Ibsen, vuelve a la escena en un momento en el que la figura de la mujer que se rebela ante las normas sociales y familiares sigue siendo motivo de juicio y discusión. A más de un siglo de su estreno, la actriz y productora Andrea Salmerón pone sobre la mesa los conflictos que atañen a la mujer, al matrimonio y a la maternidad en nuestros días, a través de uno de los textos cumbres de la dramaturgia universal.

“Es una apuesta ante el público, porque hablamos de cómo en una sociedad como la nuestra, de clase media, persiste una dictadura de lo que debes hacer y debes ser y de lo que se espera de ti como mujer, como hombre, como cabeza de familia, como mujer que solo puede ser esposa y madre. Lo interesante para nosotros es ver cómo la diversidad de ideologías que hay dentro del público de la Ciudad de México puede interpretar eso que a su vez nosotros ya interpretamos del texto original”, espeta Salmerón, quien personifica a Nora y produce la puesta.

Los micro machismos y la violencia normalizada hacia la mujer son contrapuestos con el acto de abandonar el hogar y los hijos. El prestigiado dramaturgo y director Mauricio Jiménez lleva la batuta del montaje en el que Salmerón se enfrenta a Moisés Arizmendi sobre el escenario a fin de provocar algo, cuando menos una buena discusión durante la cena, en los espectadores. Los rodean Olga González, Erando González y Francisco Mena. Entre todos realizaron una adaptación de la traducción de Paulina Barros Reyes Retana.

Obra fundamental que, curiosamente, en México es una de las menos escenificadas en el ámbito profesional. Nora ha regresado y, tras ella, la moral sencilla y doble de quienes la han enjuiciado desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Por Enrique Saavedra

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