Dirty Dancing

Teatro, Musicales
  • 2 de 5 estrellas
0 Me encanta
Guárdalo
 (Foto: Mattza Tobón)
1/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
2/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
3/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
4/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
5/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
6/7
Foto: Mattza Tobón
 (Foto: Mattza Tobón)
7/7
Foto: Mattza Tobón

El musical clásico de los ochenta, Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987) regresa ahora en su versión teatral.

Se trata de una adaptación dirigida por Federico Bellone que pretende hacerte pasar “el mejor momento de tu vida”, por lo que se ambientó el lobby del Gran Teatro Moliere con flores, bancas de madera y colores pastel. Sin embargo, la puesta no cumple con las expectativas que la película dejó en la mente de quienes desean revivir viejos tiempos.

La historia se desarrolla en un hotel de montaña en Nueva York, donde Baby (Ximena Nava), una joven de familia tradicionalista, conoce a Johnny (Diego de Tovar, alternando con Luis Medina), un atractivo profesor de baile, perteneciente a una clase social más baja que ella.

La escenografía cuenta con tres giratorios que te transportan de manera efectiva al hotel donde convive la familia de Baby y al submundo donde se realiza el “dirty dancing”. El audio, a pesar de haber sido montado en México por el propio creador del espectáculo original, Armando Vertullo, sube y baja de volumen repentinamente creando una disonancia, aunque ligera, importante.

Las interpretaciones del elenco, son superficiales y no logran transmitir el sentimiento de una juventud incipiente y desafiante que se estaba formando en los sesenta. Una obra con números de baile que cojea coreográficamente, pues los números musicales no transmiten del todo la liberación sexual, ni la fuerza y energía jovial, de la que se habla en el texto.

Sobresale la actuación de Diego de Tovar, quien frente al reto de sacar de la mente del espectador la emblemática interpretación de Patrick Swayze, dota de personalidad al personaje inyectándole un toque más jovial, una actuación digna y una ejecución coreográfica impecable.

Sin hacer spoiler, el acto final se resolvió de manera efectiva, con ánimos de que el público reafirme por qué la escena en la que suena “(I've Had) The Time of My Life” es un clásico en el cine.  

Por Alberto Cervantes

Publicado

LiveReviews|0
1 person listening