Salón Covadonga

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Ariette Armella
Roma

Durante décadas fue una apacible cantina cuyos clientes se dedicaron a envejecer al tiempo que bebían y jugaban dominó. Pero algo pasó a principios de los dosmiles. Una cada vez más nutrida banda de escritores, cineastas, artistas plásticos, diseñadores, arquitectos, periodistas, bellas modelos extranjeras y personajes afines, fueron arrinconando a los parroquianos originales, y por esa costumbre informal de beber antes del fin de semana, se instauraron los “jueves de Covadonga”.

Por unos años, los jueves a la medianoche se volvió prácticamente imposible moverse entre el tumulto de covadongueños que brincaba de una mesa a otra, saludando a los colegas del gremio. Un ambiente en extremo animado y sociable, por demás inusual si consideramos que la decoración tiene el mal gusto de un consultorio médico, las luces que iluminan el sitio son tubos de neón tipo oficina y que no se escucha música alguna, sino únicamente el ronroneo de las conversaciones y el plim plim de los cubiertos. Entre esa multitud se mueve un pelotón de meseros increíblemente diestros y de memoria prodigiosa.

En algún momento, a la usanza de muchas cantinas, la fiesta se interrumpe cuando alguno de los clientes grita a todo pulmón el nombre de otro comensal. Pongamos por caso: “¡Juan Pérez!” A lo que los cientos de presentes, a coro, responden: “¡Uleeeero! ¡Uleeeero!” (bueno, la palabra no empieza precisamente con U), y luego vuelven tan campantes a sus conversaciones. Pero de un par de años a la fecha eso ya no es tan concurrido: los nuevos bares de la Roma han minado la clientela del lugar, o mejor dicho, la han depurado. Siguen los señores entrados en canas jugando dominó al calor de sus tragos. Siguen algunos de los intelectuales de la zona yendo a ejercitarse en la destilación etílica. Siguen las modelos extranjeras despistadas ocupando una mesa por media hora para irse a otro lugar más enfiestado. Pero sigue siendo el Covadonga (o la Covadonga, si nos atenemos a que es el nombre de una Virgen), con sus calamares a la gallega, sus tortillas españolas, su carne tártara y sus tortas de milanesa que uno pide sin ver en el menú (entre otras cosas porque no están en el menú).

Quizá vuelva a ponerse de moda. Quizá no. No dejará de ser un clásico. Dato curioso: en realidad se llama Cantina el Escudo, pero nadie la conoce así.

Nombre del lugar Salón Covadonga
Contacto
Dirección Puebla 121
Roma Norte
México, DF
06700
Horas de apertura Lun-sáb 1pm-2am
Transporte Metro Insurgentes, metrobús Durango.
Precio Consumo promedio por persona $400

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Gaby

No se si ya se acabaron los boletos pero si todavía hay y hasta enfrente sere feliz por el resto de mi vida