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¿Destruimos lo que amamos? Bichir nos cuenta

Don Nigro ha llevado más de 28 producciones a Broadway. Una de ellas, actuada y dirigida por Bruno Bichir y Tato Alexander, llega a México

Cortesía Foro Shakespeare

En la escena hay una playa atípica: arena, sonido de mar, lámparas y libros viejos con lomo rojo que hacen las veces de muebles en la casa de Ben. Tracy aparece con el caos propio de quien es rescatada del arrastre de una ola. Marea que no es agua, sino una metáfora profunda sobre el caos y la calma de la vida en pareja. La necesidad/necedad de compartir es el tema de Paisaje marino con tiburones y bailarina.

"Prohibido decirme qué hacer. Nada de animales ni tele", acuerdan Ben y Tracy mientras bailan. Luego jugarán a tirarse flatulencias. Después discutirán sobre si fumar o no. Se ofenderán. Se amarán. Ahora no y ahora sí. Todo en una coordinada coreografía que prende y apaga las lámparas de la escena, como si el diálogo mismo se encendiera y se extinguiera a la par.

Tato, tú la tradujiste ¿sufrió muchas modificaciones el texto original?
Tato (T): Sí, hubo detalles que trabajé directamente con el autor, Don Nigro. Había referencias a unas caricaturas y, aunque es un detallito, lo trabajamos durante un mes. Le daba opciones, porque aquí nadie conoce esas caricaturas, y él me decía que tenían que ser viejas y primitivas.

¿Bruno, cómo te sumaste al proyecto?
Bruno (B): La idea de Tato por montar esta obra data de al menos hace dos años. Un día ella me dio el texto y me pareció fantástico; simple y al mismo tiempo perturbador. La primera propuesta que le hice fue dirigir la obra, luego actuar. Metimos la carpeta a la 226 (estímulo fiscal para teatro), fueron muchas horas nalga. Nos ha sorprendido encontrar hombres que salen furtivamente a llorar al baño.

Hablen sobre la metáfora que representan los tiburones
T: Sí. Los tiburones son el miedo que tenemos todos al canibalismo que es el amor. Sin embargo, también somos bailarines, porque hay magia en esto de bailar en el mar.

B: La bailarina es una metáfora de la fragilidad y de violencia, porque cualquiera que esté cerca de la danza sabe lo demandante que es. Es referirse a una bailarina como alguien frágil pero con músculos muy fuertes.

Es una historia de amor y desamor, ¿cómo evitar los clichés?
B: No sé. Mis detractores podrían decir que los tiene; sin embargo, la obra busca otros caminos. Hay diálogos de la vieja usanza de la comedia de enredos, que tampoco pretenden descubrir el hilo negro.  

¿La escenografía de arena tiene alguna relación con el tiempo, como un reloj?
B: Sí. En algún momento, Don Nigro dijo que la obra había sido inspirada en un mito griego, él comenzó a escribir la historia de dos seres que se aparean y crean un nuevo mundo. Ahí vimos la posibilidad de que tuviera un tono mitológico, hasta que finalmente Gabriel Pascal, el escenógrafo, trajo a la mesa la arena y los libros: un escritor repleto de textos que ha leído pero que no le ayudan a resolver su vida. Jugamos con la arena como el tiempo y las lámparas son para darle luz a los personajes en la confusión. Para Ben, Tracy estaba ahogándose. Para Tracy, ella estaba plácidamente bailando en el mar.

¿Cómo logran enamorarse Tracy y Ben si todo el tiempo pelean?
B: Porque comparten algo fantástico que hace soportable lo que sea. Eso hace que se puedan cagar de la risa y verse 24 horas a los ojos. Luego entran en conflicto y se retan. Además, intelectualmente tienen mucho que ofrecerse. Él la rescata con amor y con humor. Ella lo rescata con imaginación y arrojo a la vida.

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