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Entrevista con Abril Castillo

Una de las creadoras del colectivo El Ilustradero nos platica sobre su afición por dibujar piñas y macetas

Abril Castillo (Foto: Alejandra Carbajal)
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Foto: Alejandra Carbajal
Casa de Abril Castillo (Foto: Alejandra Carbajal)
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Foto: Alejandra Carbajal
El Morbito (Tomada de abrilcastillo.com)
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Tomada de abrilcastillo.com
Detalle de su ilustración (Foto: Alejandra Carbajal)
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Foto: Alejandra Carbajal
Casa de Abril Castillo (Foto: Alejandra Carbajal)
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Foto: Alejandra Carbajal
Ilustración de Abril Castilo  (Cortesía Abril Castillo )
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Cortesía Abril Castillo
Ilustración de Abril Castilo (Foto: Alejandra Carbajal)
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Foto: Alejandra Carbajal

Estudiaste letras hispánicas, ¿cómo llegaste a la ilustración?
Desde niña me gustaba pintar. Cuando acabé la carrera en Letras quería estudiar Arte y en lo que me titulaba encontré un diplomado en ilustración. Entonces, comencé a trabajar en la editorial SM, ahí conocí muchos libro-álbums y me di cuenta que me gustaban muchísimo. En el diplomado hice muchos amigos y juntos comenzamos el proyecto de El Ilustradero. Entré en el mundo de la gestión artística que también me interesó, nunca lo había hecho, pero es bonito difundir el trabajo de los demás.

¿Cómo crearon El Ilustradero?

Mario Rosales, Anabel Prado y Jorge Mendoza tenían un despacho de ilustradores que se llamaba Triveroquio, a ellos se les ocurrió tener un stand en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ). Armamos un proyecto colectivo y lo presentamos con la idea de difundir y promocionar el trabajo de los ilustradores.

¿En qué faceta del proyecto se encuentran actualmente?

Siempre hemos querido generar vinculación entre ilustradores de todo el mundo, por eso lo que más nos interesa son los proyectos editoriales colectivos. El esfuerzo más grande que hicimos, y que ha salido muy bien, fue el Catálogo Iberoamericano. Lo presentamos en la FIL de Guadalajara y a Fundación SM. La exposición ha podido viajar a España y a todo Latinoamérica. A lo mejor es muy poético el rollo bolivariano pero es real, sí hay un vínculo, formas del lenguaje y de comunicación que convergen en Latinoamérica e Iberoamérica.

Pareciera que tus ilustraciones fueron hechas durante un juego de niños en el que no importa si las formas están bien definidas.

Recuerdo que cuando era niña, una vez yo llegué con una piña a mi clase de pintura porque me había gustado y quería pintarla, todos se rieron pero enfrenté la situación sin ese miedo tan característico de los adultos, en el que piensas si le va a gustar al editor tu propuesta. A todos nos han rechazado un trabajo, pero he llegado a la conclusión de que si dibujo es para pasármela bien.

Participas en varios proyectos de ilustración simultáneamente. ¿Te consideras un tanto ñoña?

Sí. Creo que cuando encuentras algo que te gusta mucho, esto abarca toda tu vida. Eso me pasó cuando empezamos en El Ilustradero. No pienso en el tiempo que quiero para mí, porque si te dedicas a algo creativo siempre eres tú.

Me dio risa la foto de tu página en la que estás vestida de bailarina con un parche en el ojo, ¿deseabas ser bailarina antes que ilustradora?

Creo que era el sueño de mi mamá, desde los cuatro años me metió a clases de ballet y sí me gustaba, pero me desesperaba muchísimo tener que apretar todo el tiempo los músculos del cuerpo, no te puedes mover, no te puedes rascar, no puedes parpadear. Abandoné el ballet como a los 8 años y mi mamá me hizo firmar una carta diciendo: "nunca más quiero bailar ballet y no responsabilizo a mi mamá por haberlo dejado". La firmé y también le dije que me cortara el cabello porque odiaba esos chongos súper relamidos.

Sus dibujos y garabatos lo encuentras aquí.

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