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Entrevista con Evaristo Corona “el Golfo”

Platicamos con el locutor de radio sobre la perspectiva de la radio del DF. Nos hizo un recuento de su labor como programador en una estación pública: Reactor

 (Foto: Ariette Armella)
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Foto: Ariette Armella
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Foto: Ariette Armella

La radio con una programación dirigida a jóvenes del DF se ha transformado de manera vertiginosa durante la última década y Reactor influyó significativamente para que sucediera. El proyecto fue duramente criticado en sus inicios. Buena parte del público esperaba que fuera una continuación de Órbita o Radioactivo, pero eso no estaba en los planes del equipo comandado por Marcelo Lara.

Con el tiempo, la estación ganó adeptos, descubrió propuestas musicales interesantes y contribuyó a tender puentes entre distintas expresiones culturales. Ese fue uno de sus principales méritos, hacer una gran crónica sonora de la ciudad.

¿Por qué hablamos en pasado? Porque desde hace algunos meses la estación atraviesa por una reestructura a fondo. Aunque quedan algunos de los personajes que iniciaron esa travesía, está claro que el proyecto enfrenta nuevos desafíos.

De todo esto charlamos con el último en dejar la nave, "el Golfo", quien durante nueve años se encargó de una ardua misión, darle personalidad a la frecuencia y elegir las canciones que sonarían.

"Ser programador es una labor que requiere muchísima responsabilidad, honestidad y compromiso. Lo disfruto mucho porque me fascina escuchar música nueva. Estoy un poco peleado con los clásicos, porque en radio es muy fácil salir a poner canciones que ya están probadas. El verdadero reto está en descubrir proyectos con un discurso arriesgado y propositivo, que no suenen a lo de siempre", nos dice.

Desde su primera transmisión, en noviembre de 2004, la emisora hizo ruido al mostrar opciones que no se pensaban radiables, como bandas instrumentales o canciones que duraban más de cinco minutos. Austin TV sería la más representativa dentro de esta apuesta.

"Nunca nadie nos dijo cuáles eran las reglas de la radio. Tenemos un espíritu punk, en el sentido de que nos gusta doblar las estructuras, romper esquemas y estirar las fronteras. La gente joven de México es mucho más sofisticada que las fórmulas de la industria, no podemos ser condescendientes con el público y poner lo más fácil".

Debido a su naturaleza, el papel del programador es un arma de doble filo. Para algunos es quien da a las bandas la oportunidad de que su música llegue a más personas, pero para otros es el verdugo que se interpone en su camino a la fama.

"Es una posición en la que siempre trabajas bajo sospecha. Todo el tiempo va a haber gente que te atribuya sus fracasos. Muchos dicen que porque no sonaron en la radio no tuvieron una oportunidad. La radio no crea grupos. Los grupos existen y se hacen grandes con o sin la radio".

Una de las contribuciones más valiosas de Reactor fue la de integrar diversas expresiones artísticas al abrir el micrófono a escritores, deportistas, pintores y un sinfín de protagonistas de la cultura en México y de otros países.

"No había vínculos claros entre la música, la cultura, la literatura y el cine. En México se da un fenómeno rarísimo. Mucha gente cree que sólo te puede gustar una cosa. Con frecuencia escuchamos 'A mí sólo me gusta el rock', pero está bien que te gusten muchas cosas. Estar en contacto con otras disciplinas enriquece nuestra visión del mundo".

El recorrido de "el Golfo" por la radio inició hace décadas (en la Patrulla Radioactiva), circunstancia que lo convierte en testigo y actor de las transformaciones de este medio.

"Ahora (la radio) es mucho menos romántica. Es difícil encontrar una estación de radio con la que tengas afinidad sentimental. Lo que más me gusta escuchar son programas hablados, pero los locutores de estaciones populares no te dicen mucho. Quienes aportan en ese sentido son Reactor o Ibero 90.9, pero si oyes Mix o 97.7 no vas a encontrar algo que te haga conectar con la persona que está ahí".

¿Cómo imagina el futuro de Reactor?

"No puedo hablar sobre el futuro de una estación donde ya no trabajo, pero ahí sigue gente como Ari, Paella, Clauzzen, Warpig o "el Reverendo", que han entendido cuál es su espíritu. Ya nos tocará ver y escuchar lo que pase. Me encantaría que me sorprendieran. Que la radio en general y los medios me sigan sorprendiendo".

No cabe duda, nos encontramos ante lo que coloquialmente se conoce como "fin de temporada". A Evaristo Corona parece haberle sentado bastante bien.

"Lo bueno es que no estoy sin hacer nada. Tengo un podcast y también trabajo en el sitio Andamos Armados. Quiero idear un medio para seguir compartiendo con la gente. Me gustaría juntarme de nuevo con mis amigos para trabajar en las cosas que nos apasionan".

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