La lengua de Ernesto

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La lengua de Ernesto
Boris Becker/ Cortesía Kölnischer Kunstverein

El aroma a lavanda se dispersa por la sala. No es tangible como una escultura que se puede tocar, pero entra por la nariz y, como dice el artista, "te toca por dentro". Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964) dice que llegó por casualidad, como casi todo lo que ha acontecido en su vida, a la idea de incluir el sentido del olfato en su trabajo. Fue el día en que acompañó a una amiga a una tienda árabe y salió embriagado con los olores y colores del comino, el clavo y la cúrcuma. En su trabajo, sin embargo, esa y otras casualidades parecen deliberadas: suspiezas dialogan entre sí. "Quería expresar con la relación sensorial de los materiales la expresividad de la vida".

Este lenguaje propio, su lengua, se articula desde las piezas más tempranas como "A-B-A (chapa-cordachapa)": placas de metal que se mantienen en posiciones inesperadas sólo con la tensión de la cuerda que las une. Desde los 23 años, el artista quedó fascinado con lo que se podía lograr al jugar con la gravedad y el equilibrio: "con un nudo puedes construir un universo. Todo mi trabajo hasta hoy es una secuencia de nudos", cuenta. En otras piezas como "Cuerpo sin órganos", que rehace cada vez que la exhibe, explora la capacidad de creación al dejar caer un objeto. "Mi trabajo no es una cosa fija. Está en tránsito constantemente".

Más adelante, sus instalaciones empiezan a mirar hacia lo biológico y orgánico, como "Copulonia",  que explora las estructuras celulares y los elementos masculino y femenino, polos que se atraen y se complementan en una danza sensual que vemos presente en la mayoría de sus piezas y se explican a través de sus dibujos. "La línea horizontal da una idea de paisaje, mientras que la línea cerrada da una idea de cuerpo. Me interesa el espacio que hay entredos líneas, dos cuerpos..."

La obra de Ernesto es un recorrido por los límites del cuerpo: desde sus primeras piezas se hila una trama interesada en las relaciones de interdependencia entre las cosas. La piel, el órgano que nos envuelve y nos contiene, por ejemplo, también transpira: deja pasar energía de y hacia el exterior.

Sus instalaciones de membranas transparentes la simulan a través demateriales como tul, medias y licra, con rellenos que van de esferas de unicel y perdigones de plomo hasta especias que nos hipnotizan a través de los sentidos. En "Nave Deusa", una estructura transparente que ocupa toda la sala, el público puede caminar descalzo por su interior como un viaje al interior de la nave cuerpo. Esas naves las pensó al regreso de su primer viaje a México. Fascinado por las esculturas prehispánicas y el "exceso de sonidos, animales, flora y vida" que vio aquí, volvió a Rio de Janeiro y se encerró una semana a desarrollar toda la teoría. "Pienso que mi estancia en México fue muy fuerte y muy importante para mí como escultor. Me cambió".

Sus dibujos, finalmente, son "como una sombra de las esculturas": gracias a ellos podemos completar el código, terminar de entender el proceso de pensamiento que llevó a Ernesto a la creación de las piezas más grandes.

El curador Adriano Pedroso hizo un extraordinario trabajo de lectura y selección de la vasta obra de Ernesto, que en esta ocasión reúne más de 100 piezas en la muestra más amplia que se haya hecho hasta ahora del artista brasileño. "No es una retrospectiva, sino una panorámica", corrige Pedroso.

Sensualidad y sensorialidad son los dos ejes inconfundibles de su trabajo. Su obra está pensada y fabricada para percibirla con todos los sentidos; se puede tocar, oler, atravesar o hasta vestirse con sus piezas, como en "Humanoids". Las instalaciones o esculturas son delicadas y transparentes, pero ocupan el espacio con firmeza; las medias estiradas están en tensión por el efecto de los materiales que las anclan al piso, pero no llegan al punto de quiebre: existe un equilibrio.

En el patio de acceso de San Ildefonso, Ernesto se quita los zapatos y se deja caer sobre una cama de pelotas contenidas en una red y, sin querer, resume su filosofía: "Si pudiera hacerlos respirar sin pensar durante cinco minutos, sería mejor. Hay veces en que necesitamos respirar".

 

Por Cynthia Arvide

Publicado

Sitio web del evento http://www.sanildefonso.org.mx/
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