Octavio Paz. De la palabra a la mirada

Arte, Técnica mixta
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Octavio Paz. De la palabra a la mirada
Foto: Cortesía Conaculta

El 31 de marzo de 1914 nació el mexicano que se convertiría en el ganador del Premio Nobel en 1990. Para conmemorar su natalicio número 100, Conaculta pone ante nuestros ojos 124 libros de Octavio Paz, ejemplares que se caracterizan por ser las primeras ediciones en lengua española.

La riqueza de estas piezas no termina ahí. Varios de estos libros –que pertenecen a la colección privada de Marie Jo Paz, viuda del escritor– traen dedicatorias con puño y letra del autor. La valía de otros ejemplares que se exhiben radica en la dificultad para conseguirlos. Son documento históricos importantes para la memoria literaria de México.

Las verdaderas joyas se encuentran en el núcleo de la exhibición y son nada más y nada menos que los libros de Paz ilustrados por artistas que van desde Vicente Rojo, Rufino Tamayo, Juan Soriano hasta Marcel Duchamp y Kazuya Sakai. El autor mexicano se caracterizó por sostener un diálogo con las artes plásticas modernas y contemporáneas, las cuales se convirtieron en su inspiración constante.

Para Octavio Paz, Duchamp representaba el centro de la estética, por lo que el mexicano elaboró un ensayo sobre el artista francés, El castillo de la pureza (1968). Este escrito contó con el diseño de Vicente Rojo, quien lo manufacturó como un libro-maleta ilustrado con símbolos y signos relacionados con Duchamp.

La exhibición se divide en seis puntos: Primeras obras, Periodo surrealista, Estancia en la India, Retorno a México, Plenitud y Recapitulaciones.

El recorrido de la muestra, curada por Carmen Tostado e Issac Toporek, es en forma de espiral, del centro hacia afuera. Asegúrate de recoger la hoja de curaduría para entender y recorrer la muestra en orden, pues es difícil de predecir por su acomodo de espiral.

Además de las piezas literarias se pueden leer fragmentos de la obra de Octavio Paz.

Esta exposición nos recuerda que la tipografía, las ilustraciones, las viñetas, los formatos, la encuadernación y el mismo papel que conforma un libro, son parte fundamental de una obra: un arte por sí mismos.

Por Paola Monter

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