Tennessee en cuerpo y alma

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Tennessee en cuerpo y alma
Cortesía Tennessee en cuerpo y alma

Blanche DuBois mira su catástrofe. Tennessee, su creador literario, la abandonó. Acabará su vida confinada en una clínica de un lugar desconocido. El olvido de Tennessee se ha vuelto su desdicha. “Yo he dependido siempre de la bondad de los extraños”, fueron sus últimas líneas antes de ser internada, y ahora aprovecha precisamente la sensibilidad de una médium para comunicarse nuevamente con el escritor y alejarse de la decadencia de su vida en Un tranvía llamado deseo.

Por su parte, Tennessee, taciturno, se sienta cada noche frente a su máquina de escribir. Muchas hojas con frases inconclusas se apilan en el cesto de basura. Nada sirve. Toma un vaso con whisky y luego otro y otro. Se termina la botella. Frustrado y agotado por su bloqueo creativo permanece encerrado en su estudio, hasta que presa del celo de su querida y sórdida Blanche, su personaje más representativo, se ve obligado a volver su mirada al pasado, en busca de la inspiración que ha perdido.

El argumento de esta puesta atrae porque aborda los límites entre la ficción, la realidad, los fantasmas y las frustraciones que pueblan la mente de un escritor en un periodo de crisis inefable.  Este montaje —escrito por Ximena Escalante y bajo la dirección de Francisco Franco— plantea la insatisfacción de un personaje con su final. ¿Cuántas posibilidades podría tener después del término de una obra?

Blanche, interpretada por Itatí Cantoral, emerge de las páginas y reclama al dramaturgo estadounidense el mundo mezquino al que la condenó. Se siente tan afligida y desesperada, porque sabe que Tennessee nunca volverá a ella, morirá cuando el lector o el espectador lleguen al final de la obra. Después no habrá nada. Así como ella, llega un hombre cualquiera a ocupar los pensamientos de Tennessee y embelesarlo.

Las conversaciones entre Mildred, la médium, y el escritor añaden un tono cómico a las escenas de frustración cuando el dramaturgo se encuentra con su inolvidable personaje y su incomodidad de vivir en el mundo real.  

El trabajo escénico consistente de Hernán Mendoza, en el papel del destacado escritor, la experiencia de Dora Cordero y las convincentes actuaciones de Itatí Cantoral y Eduardo Tanús, la vuelven una obra recomendable. Sin contar la música de Natalia Lafourcade y piezas como Love me or leave me, interpretada por la soberbia Nina Simone, que refuerzan los ambientes para sumergir al espectador en un maravilloso tranvía llamado Tennessee en cuerpo y alma.

Por Mariana Guillén

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