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Entrevista con Aarón Fernández

Un cine de personajes que sorprenden

Foto: Cortesía Aarón Fernández

Fue con su primer largometraje, de 2007, titulado Partes usadas, cuando Aarón Fernández acaparó la atención de los medios nacionales. Con una mirada para obtener de lo ordinario historias genuinas y entrañables, el originario de Chihuahua vuelve con nuevo trabajo.

Un pequeño motel como escenario principal, el sonido de las olas de fondo, tiempo de sobra para pláticas con uno mismo, dos personas solitarias que logran una relación perpendicular, esto y más es lo que traen Las horas muertas, una cinta sobre la existencia como cadena de momentos.

¿De dónde surgen Las horas muertas?
Estaba viajando por la región de la Costa Esmeralda, Veracruz, y me di cuenta de que había varios motelitos frente al mar que parecían parados en el tiempo. El contraste entre la idea que uno se puede hacer de un motel, que generalmente son lugares oscuros y de mala fama, y la realidad melancólica de esos moteles frente a la playa me pareció sorprendente.

Inmediatamente surgió la idea del personaje de Sebastián. Luego, durante el proceso de escritura del guión, para mi era muy importante encontrar la locación real, donde iría a suceder la mayoría de la película y tenía que ser absolutamente en la Costa Esmeralda. La película no podría suceder en otro lugar, ya que es el propio lugar que estimuló la idea de la historia.

Las horas muertas es una película de personajes que profundiza en sensaciones cotidianas de lo humano. ¿Qué buscas mostrar?
El gran reto de la película era construir ese ambiente sensorial y envolvente sin caer en una narración repetitiva y hermética. La trama está repleta de pequeños detalles que van apareciendo poco a poco, y sobre todo creo que los personajes son los que le inyectan una gran vitalidad al relato.

En mis películas siempre cuido que los personajes sean entrañables y "reales", que no sean unas simples marionetas, sino que parezca que viven de manera independiente y que sus vidas no se limitan a la simple película sino que continúan fuera de ella; crear ese sentimiento de que la película es sólo un momento de sus existencias, pero que continúa independientemente de nosotros. Tampoco busco juzgar a mis personajes, los presento de manera entera en un solo "bloque", con sus defectos, sus cualidades, sus contradicciones. Me gusta que me sorprendan.

Tanto la fotografía de Javier Morón como los detalles sonoros ayudan a crear una atmósfera natural que concuerda con la historia, ¿así lo pensaste desde el inicio?
Concebimos la película en su conjunto como una pintura impresionista, donde se procede siempre por pequeñas pinceladas, pequeñas sensaciones e impresiones que se van acumulando y al final resultan en un gran retablo. Esas pequeñas "impresiones" provienen tanto del sonido como de la imagen, de la luz, los colores, los gestos y miradas de los personajes.

Los encuadres están compuestos como espacios ambiguos donde vemos, por momentos, interior y exterior al mismo tiempo, con muchos reencuadres dentro de la misma imagen, lo cual permite al espectador sumergirse en la imagen. La luz trabaja mucho el claroscuro, sobre todo en los interiores, para transmitir una sensación de intimidad y al mismo tiempo una cierta melancolía. En general, todos estos detalles y las pequeñas acciones hacen que el relato avance de manera muy sutil y casi imperceptible, para que el espectador se deje llevar y envolver por el ambiente.

¿Cómo fue el trabajo con los actores protagónicos?
Para mí la selección de los actores es un proceso fundamental. Una buena dirección de actores empieza con un buen casting. Si uno se equivoca en la selección de sus actores, difícilmente se pueden corregir las cosas durante el rodaje. En este caso estaba buscando actores poco conocidos que tuvieran una gran presencia y un físico muy específico.

El trabajo en el set fue muy agradable, siempre intenté ser lo más claro y directo posible. Siempre busqué que tuvieran una actuación introspectiva, sin cortar la emoción ni la espontaneidad. Un equilibrio entre naturalidad y lirismo que siempre intento mantener.

Ambos se ayudaron mucho. Kristyan, a pesar de ser más joven que Adriana, tenía más experiencia de set, y Adriana, por su edad, más experiencia de vida, con lo que se equilibraron y se complementaron mucho.

Las escenas de sexo las preparamos muy bien, siempre estuvieron presentes como algo natural y desde un principio quería mostrar el contacto entre ellos de manera muy sutil, pero al mismo tiempo muy sensual y natural. Los dos se conectaron muy bien y logramos transmitir el afecto y el deseo que surge entre ellos en ese momento.

¿Cómo te sientes por el recibimiento que ha tenido la película en los festivales?
La película se estrenó en el Festival de San Sebastián de 2013 en la sección Nuevos Directores y la recepción fue excelente. A la fecha hemos participado en una veintena de certámenes alrededor del mundo y la película siempre ha sido muy bien recibida. Ganamos el premio de Mejor Contribución Artística del Festival de Tokio, y en el Festival de Morelia el premio a la Mejor Actriz y Mención Especial del Jurado.

Tanto en México como en el extranjero la recepción siempre ha sido muy entusiasta y unánime. El público se conecta muy rápidamente con el ambiente sensual y lánguido de la película, y siempre agradecen que se muestren personajes reales y entrañables y que se trate de un tema lírico y sensual sin caer en la trampa de la violencia o el morbo.

La película tiene un gran compromiso con el público a través de una narración que se puede seguir sin ninguna dificultad. Al mismo tiempo es una película que exige una cierta participación y atención del espectador, juega mucho con las situaciones abiertas, en las que se sugiere más que se impone, y en donde el público puede participar con su propio imaginario y ensoñación.

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