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Entrevista con Mark Osborne

Platicamos con Mark Osborne, el director responsable de llevar El principito desde su planeta hasta la pantalla grande

Foto: Cortesía Corazon Films

¿Cómo llevar a la pantalla grande uno de los libros más leídos en el mundo? En su adaptación, el director Mark Osborne no quiso trasladar en un sentido literal El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, sino que pensó la película como un tributo a la experiencia de las personas cuando conocen la novela.

“Creí que nunca lograría retratar la historia del libro, después vi esto como una oportunidad para hablar de su poder, de cómo nos afecta y, especialmente, de cómo conecta a las personas. Es una manera de celebrar su poder en nuestras vidas y para mí es mejor que cualquier versión que sólo transcribe el libro”, argumenta Osborne sobre su película.

No fue fácil trasladar esa magia que describe el director. El también realizador de Kung Fu Panda (2008) atravesó algunos conflictos para materializar su cinta, como la selección de los momentos del libro que filmaría.

“La adaptación no podía contenerlo todo, tiene que funcionar como una película y creo que fue uno de los mayores retos, seleccionar qué escenas y personajes del libro son importantes y así hacer algo entendible para el espectador. Quería que la película se convirtiera en una especie de retrato de nosotros mismos cuando leemos el libro, elegir esos momentos que nos conectan”, explica.

Para el cineasta El principito marcó su vida. Lo mantuvo conectado con quien ahora es su esposa. 

"Leí El principito cuando era muy niño, en la secundaria, por mi clase de francés. Pero no tengo un recuerdo de él sino hasta que llegué a la universidad, cuando me lo regaló la chica con la que salía, ahora mi esposa. Teníamos una relación a distancia y me mandó el libro para mantenernos conectados, me hizo una carta que aún conservo y recuerdo que tenía una cita del libro: 'lo esencial es invisible para los ojos'. Creó un lazo muy fuerte entre los dos".

Sobre la animación, Mark optó por trabajar con dos técnicas para mostrar mundos distintos: la realidad de La niña, con CGI (por computadora), y el mundo de El principito y la imaginación de la protagonista, con stop-motion.

“El hecho de contar la historia con diferentes animaciones me ayudó a mostrar qué tan mágico es el libro y crear un escaparate de un mundo imaginario. Fue una manera de hacer sentir al público que la historia puede ser posible”, añade.

El resultado fue una cinta que muestra cómo La niña se acerca a El principito, gracias a las sugerencias de su vecino, El aviador. La realidad de la pequeña es un mundo moderno y cuadrado, por lo que al conocer las vivencias de El principito, empieza a percibir el mundo de una manera totalmente distinta.

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