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Gerónimo Calbo y Matheo de Urroz

Conoce la historia del sacerdote que sedujo a un jóven en la Ciudad de México

Foto: Alejandra Carbaja

-¿Sabes o sospechas porque estás frente a nosotros? – dijeron los inquisidores

- Si – contestó Gerónimo – para que declare lo que le conté a mi confesor dentro de prisión…

Una noche de 1650, llegó el padre Matheo a socorrer a Gerónimo Calbo quién vivía con sus cuatro tías y sufría fuertes calenturas producidas por el tabardillo, enfermedad por piquetes de pulgas y garrapatas. Todos pensaban que Gerónimo, de tan solo 19 años, moriría; por eso llamaron al padre Matheo para que lo confesara y pudiera ir al cielo en paz. Días después, volvió el sacerdote para ver que había sido del joven. Él estaba mucho mejor, pero aún en cama, triste.

Completamente solos en la habitación, Gerónimo dijo omitir algo en su confesión. Matheo preguntó por ello y Gerónimo mencionó que estando en la panadería de sus tías, conoció a un indio panadero de quien se enamoró y tuvo relaciones con él. Cometió pecado nefando. Matheo lo tranquilizó tocándole los brazos, acariciándole el rostro y limpiándole las lágrimas. El ventajoso padre preguntó, ¿con que había cometido el pecado? Cuando Géronimo señaló su pene, Matheo le metió la mano entre su ropa y lo comenzó a acariciar.

Días después, Gerónimo buscó al padre dentro de su monasterio. El padre lo pasó a su celda y tras cerrarla, nuevamente lo abrazó y lo besó. Gerónimo se dejó acostar sobre la cama de madera y ambos desvestidos comenzaron a tener relaciones. Gerónimo se dejó tomar completamente por el padre y al terminar, le obsequió unas tablillas de chocolate y un real, recordándole que si alguna vez tenía alguna “inquietud” no dudara en acudir al monasterio.

Muchas veces se frecuentaron el joven sastre y el corpulento padre, pero por alguna razón todo terminó. Gerónimo conoció después a Joseph Durán con quién comenzó una nueva relación, pero tras ser acusados por un vecino, ambos fueron llevados a la cárcel de la inquisición por sodomía. Ahí Gerónimo confesó sus pecados con el padre Matheo.

Asqueados los inquisidores, buscaron cualquier información que los llevara a Matheo de Urroz, hasta que en 1659 Doña Francisca, una mujer que lo conocía, declaró que se había ido a Guatemala hace mucho y que nunca más lo volvió a ver. Los inquisidores mantuvieron silencio y jamás se mencionó de nuevo su nombre. El barroco relato (casi erótico) permanece en el Archivo General de la Nacion dentro del volumen 464 del archivo inquisitorial.

El 6 de noviembre de 1658, en San Lázaro, Gerónimo fue quemado vivo junto con otros 13 sodomitas. Solo las paredes del patio de los naranjos en el actual Museo de Medicina, antiguas cárceles de la inquisición, saben lo que Gerónimo confesó.

Museo de la Medicina Mexicana. Brasil 33, Centro. Metro Zócalo. Metrobús Argentina. Lun-dom 9am-6pm

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