Tom en la granja

Gay y lésbico
Recomendado
  • 4 de 5 estrellas
0 Me encanta
Guárdalo
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
1/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
2/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
3/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
4/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
5/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
6/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
 (Foto: Andrea López. Cortesía de la producción)
7/8
Foto: Andrea López. Cortesía de la producción
Boris Schoemann (Foto: Marianela Trueba)
8/8
Foto: Marianela Trueba

“Hoy murió una parte de mí y no consigo llorar… He olvidado todos los sinónimos de ‘tristeza’”, balbucea Tom antes de asistir al funeral de su novio. Al llegar a la granja, donde enterrará algo de sí mismo, se enfrentará por vez primera con Francis, su cuñado, y con Agathe, la madre del difunto, quien desconocía por completo su romance.

Francis, un granjero treintón, sospecha sobre la vida íntima de su hermano, por lo que hará hasta lo imposible para no “decepcionar” a su madre, incluso, mentirse a sí mismo. Solitario, el ranchero no conoce las palabras necesarias para expresar su cariño; sólo externa su duelo a través de la violencia.

Vacío, soledad, rabia… Sentimientos que inundan esta trama regida por la mentira. En un juego de equivalencias y reemplazos, el director Boris Schoemann nos introduce en la psique de Tom (Pedro de Tavira Egurrola), quien poco a poco teje una relación de codependencia con Francis (Leonardo Ortizgriz), Agathe (Verónica Langer) y Sara (Alaciel Molas), personajes creados por el dramaturgo quebequense Michel Marc Bouchard.

En el campo donde “el maíz corta como navaja” (Xavier Dolan, 2013), el arco de transformación del personaje es radical. Tom, un joven publicista “muy Dolce, muy Gabbana”, deja atrás el mundo citadino y superficial para hacerse uno mismo –un sinónimo– con el entorno. Renace al “bautizarse” con sangre de becerro.

Con humor y crudeza, Tom en la granja llega a su cuarta temporada en la Ciudad de México. Gracias al diseño de escenografía de Jorge Ballina, la atmósfera bucólica se potencializa con el crujir de la madera de un espacio ubicado en medio de la nada.

De Tavira y Ortigriz nos acorralan con el dolor físico y mental que experimentan sus personajes. Gracias a su experiencia en los escenarios, logran intimar con el espectador, llenando el foro con una tensión que quizá éste quisiera parar, pero que puede soportar un poco más. Igual que Tom.

Si bien la obra gira en torno a una relación homosexual, no es completamente gay. Habla, sí, sobre la agresión que esta comunidad recibe tanto en las ciudades como en los campos, pero encuentra su centro en el ocultamiento, en el silencio, en las apariencias. “Antes de aprender a amar, los homosexuales aprenden a mentir”, afirma Bouchard.

Al final, esta historia puede ser universal: “Perder repentinamente a alguien es como un hilo que se rompe… El otro se convierte en sinónimo del que ya no está: hermano, hijo, amante”.

Por Paola Monter

Publicado

LiveReviews|0
0 people listening