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Andrew Bird: del granero al rave

En entrevista, el músico nos explica cómo ha sido atravesar por esta etapa de maduración social

Andrew Bird, un hombre que parece agobiado por el peso de su mente y el calor de su corazón, ofrecerá un concierto en la Ciudad de México. Al teléfono, desde algún lugar en California, admite alegremente que algo ha cambiado. “Sí, esta vez se siente realmente diferente. Hay en general una sensación de positivismo dentro de la banda, se siente como una comunidad. Con Noble Beast (2009), por ejemplo, fue una etapa muy oscura. Estaba bastante exhausto cuando terminamos la gira de ese disco”, explica.

Bird reconoce que estaba agotado cuando regresó a Estados Unidos de la gira por China. Decidió quedarse en Los Angeles nueve meses antes de regresar a Chicago. Montaba su bicicleta por el paseo marítimo, bebía buen café, tomaba baños de sol y entonces, las canciones llegaron. “Todavía tengo esta forma de pensar –tal vez absurda– de que si tienes que escribirlo para recordarlo entonces no es digno de recordar, lo que, por supuesto, no es cierto (risas). Esa es mi prueba de que las cosas son más potentes. Si entran debajo de la piel para después resurgir, cuando las condiciones son adecuadas, es una buena idea.

Tal vez la suave forma lírica en la que Bird expresa las cosas no haya cambiado mucho. Su declaración sobre la composición recuerda a una línea de Galway Kinnell (uno de sus poetas favoritos): “La poesía es el canto de lo que significa estar en nuestro propio planeta”, pero la necesidad de compartirlo con los demás se hizo evidente. “La música como un conductor social siempre ha sido importante para mí. A pesar de que atravesé por esta fase de natural de aislamiento, durante ocho años viví solo en un granero y hacía todo yo mismo, llegó el momento de permitir que la gente se acercara a mí”.

Vale la pena señalar que Bird ha tocado con otros músicos. Cuando tenía 19 años era parte de una banda de ska. Sus recientes composiciones tienen un poco de esa línea musical alegre y esa sensación de gran vivacidad alcanza su clímax en “Near Death Experience Experience”, en donde el cantante sugiere: bailaremos como sobrevivientes del cáncer. “Definitivamente tuve dudas sobre esa línea. Estuve preguntando a amigos que han tenido amigos sobrevivientes del cáncer y a aquellos que han perdido a seres queridos, lo que sentían respecto a esa frase. Esa línea me vino a la cabeza años atrás en un rave en Chicago. Había una mujer que era mucho mayor que todos los presentes, con un apretado vestido hippie decolorado y su cabello largo y blanco. Era la única en la pista de baile y era la única animada; nos avergonzó a todos en el lugar. Lo primero que pensé fue que quizá acababa de recibir la noticia de una remisión permanente. Recuerdo haber sentido envidia, pero entonces, ¿por qué a una persona joven y sana le da envidia otra persona que apenas sobrevivió a una situación cercana a la muerte? Empecé a imaginar esta imposible situación: ¿Y si pudiera embotellar una experiencia cercana a la muerte o crear una atracción en un parque de diversiones que te haga sentir eso? Es imposible”.

Así, no es de extrañar que Bird sea tan sonriente ahora. “Espero que todo este proceso de maduración llegue pronto, por mi propia salud. Es realmente duro. Quiero decir, no puedes bajarte del escenario y sentarte a leer un libro. Pero estoy mejorando. Es algo que puedo manejar. Arriba puedes dar todo lo que tienes al público y reservarte algo para ti mismo”.

Andrew Bird se presenta en el Auditorio BlackBerry el viernes 1 de marzo.

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