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'Vulnicura', de Björk

Esto no es un disco fácil de digerir, ¿pero acaso algún disco de la islandesa lo es?

Foto: Time Out

"Show me emotional respect, I have emotional needs, I wish to synchronize our feelings", canta Björk en "Stonemilker" con una marcada desesperanza en su voz. La acompañan violines dramáticos y emocionales, muy a lo "Jóga". La manera en que divide las sílabas al cantar "juxtapositioning" es interesante, parece un juego que proyecta el significado de la canción misma: la unidad de dos seres desvaneciéndose que los orilla a encontrar sus propios caminos. A partir de ese momento nos damos cuenta de que Vulnicura no es un disco fácil de digerir, ¿pero acaso algún disco de la islandesa lo es?

Cuando un artista compone es casi imposible que una canción nueva carezca de semejanzas con una del pasado. Después de todo la esencia permanece intacta, aunque las circunstancias cambien, es la razón por la que su música nos gusta. Eso es exactamente lo que sucede en "Lionsong", tema que tiene una ligera similitud con "Hunter", sólo que la intensidad emocional de ésta se transforma en una eterna interrogante, llena de angustia y complejidad.

El drama apenas comienza y aún faltan siete canciones. En este punto no sabes si continuar escuchando o cortarte las venas de una vez. Ya comprendiste que el disco gira en torno a la ruptura y que si tu corazón no está roto, puede que no lo disfrutes tanto. Sí, amigos, el dolor también se disfruta.

La presencia de Arca -el productor venezolano- se vuelve evidente con los primeros sintetizadores de "History of Touches", un relato sobre la intimidad, los roces carnales como método de reconocimiento idílico y la dolorosa memoria sensorial que nos recordará por siempre lo que alguna vez fue hermoso.

"Black Lake" es uno de los pilares del disco. No tiene coro, sólo lamentos. Allí no hay espacio para diferentes interpretaciones, es lo que es. Un ser que sufre y que se encuentra perdido en un océano de incertidumbre. Por si esto no fuese lo suficientemente devastador, a la mitad de la canción aparecen unos beats metálicos que llevan la desolación de dicho ser a territorios industriales, como si el corazón fuese una oscura fábrica y el amor la polución que produce.

"Family" es, posiblemente, una de las canciones más tristes y fuertes de Björk. Lo que alguna vez fue una pareja enamorada, ahora es sólo un padre y una madre cuyo único lazo es su hijo. Una fotografía familiar partida en tres, que no podrá ser unida, y que por el contrario, necesita de una tumba y un funeral musicalizado con ruido ambiental y violines quebradizos.

La carroza fúnebre sigue su camino en "Not Get", pero esta vez se adentra en un siniestro bosque sonoro que claramente ha sido marcado por Arca. Pasamos por puntos memorables como la melancolía de Volta, la excentricidad de Medúlla, la explosión de Homogenic y la singularidad de Biophilia. Ni el amor te puede salvar de la muerte.

"Atom Dance" es la reencarnación del alma herida. Es una carta abierta sobre la liberación del dolor y el intercambio de sentimientos que la convierten en la tierra donde crecerá una nueva flor. Por eso es que la convaleciente voz de Antony Hegarty se multiplica y se asoma por los pausados y pantanosos sintetizadores que cierran con un exquisito arreglo de cuerdas.

Lo que podría ser el intro de una banda de metal sinfónico se desarrolla como un cuadro de electrónica instrumental que refleja una clara frustración. En "Mouth Mantra" todo el dolor ha sido procesado, pero las palabras siguen sin llegar. Es un duelo que se recorre en solitario, en el que el silencio puede ayudar a curar.

"Quicksand" inicia con unos synths pastosos, como si fuesen una composta hecha con los de "Cocoon", y a través de ellos se desarrolla la pena de una hija que ve cómo su madre se desmorona y se lleva consigo el futuro de ambas. Una canción que completa el círculo de miseria que rodea al disco.

El concepto de Vulnicura es muy claro: las relaciones humanas pueden ser tormentosas y morir repentinamente. Basta con observar la portada, en la que se le ve forrada en cuero -ojo con la connotación sexual-, con una herida abierta en el pecho y un halo de cristales que nos recuerda ni más ni menos que a una virgen.

Definitivamente este álbum no será recordado como el más popular ni el más alabado, sino como el más melancólico e introspectivo. Sí, se trata de "un disco más" de Björk, pero en éste encontró el equilibrio entre todos esos sonidos que ha imprimido en sus últimas cinco obras. Pasó de la experimentación extrema a un sello personal orgánico que le da protagonismo a las letras. Como siempre sucede con su trabajo, muchos lo amarán (fans from hell) y muchos lo odiarán (fans que perdió después de Vespertine).

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