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Guárdalo

Entrevista con Fernanda Rivero

En el FICG y el Festival Internacional de Cine para Niños (... y no tan niños) se presentará una serie animada que se logró gracias a la colaboración de 10 comunidades rurales del país

Foto: Cortesía de la producción

Del Festival Internacional Cine en el Campo y la fundación Todo por el cine, se deprende un proyecto que involucra a comunidades rurales de diferentes puntos de la república: Cuéntamelo filmando, el cual este año dio una oportunidad para que los pequeños se unieran a sus actividades y el resultado es la animación Las aventuras de Itzel y Sonia: En busca de los guardianes del agua, una serie para niños.

Platicamos con Fernanda Rivero, una de las mentes creativas detrás de esta iniciativa que se exhibirá por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y el Festival Internacional de Cine para niños (… y no tan niños). 

¿Cómo surgió esta iniciativa?
La fundación Todo por el cine lleva nueve años y empezamos con un proyecto del Festival Internacional de Cine en el Campo, en el que hacemos un concurso de cortometrajes para seleccionar 10 y, al ser un festival itinerante, vamos de una comunidad a otra para mostrarlos en las plazas públicas.

Los talleres Cuéntamelo filmando se pensaron en un inicio para que las personas de las comunidades a las que llegáramos hicieran sus propios cortos y nosotros sólo fungimos como una guía técnica. De ahí surge Las aventuras de Itzel y Sonia: En busca de los guardianes del agua.

El proyecto se logró gracias a la colaboración de diez comunidades, ¿cómo las eligieron?
Buscamos que fueran muy distintas, por el clima y sus tradiciones, por ejemplo. Pasábamos dos semanas con la comunidad para crear la historia, les mostrábamos los personajes, hacíamos una lluvia de ideas y preguntábamos por el guardián del agua de cada comunidad. Aunque los personajes no cambiaban, sólo se añadía un guardián del agua, muchas veces construimos los escenarios con base al entorno de la comunidad.

Empezamos en el DF en Casa Xochiquétzal y de ahí nos fuimos comunidad por comunidad. Participaban desde niños hasta adultos. Después de terminar, contratamos actores profesionales para que se integraran al proyecto y le dieran voz a los personajes.

¿Fue fácil animar a la gente para que participara en el proyecto?
Tuvimos mucha suerte con las comunidades, todas muy distintas. Los niños siempre quieren participar, luego se desesperan pero hay que ponerles actividades muy específicas para que no se aburran. A la hora de realizar la animación, organizamos equipos para que estuvieran encargados de los movimientos de los personajes: a los adolescentes y a los adultos les llama más la atención contar la historia y hacer cosas elaboradas; por su parte, los niños trabajaron mucho con la construcción del set y pintar escenarios.

¿Hubo algún reglamento o lineamientos para que cada comunidad diera continuidad a la serie sin que ésta perdiera su esencia o estilo?
El tema ya estaba enfocado. Dejábamos que surgieran las ideas y después nos sentábamos en mesa redonda a seleccionar algunas. Entonces empezábamos a ver cómo los íbamos a unir. Fue un trabajo por mucho tiempo, les proyectábamos cortos para que vieran cómo eran.

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