Bajo reserva

Teatro, Teatro contemporáneo
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Bajo reserva
Foto: Cortesía de la producción

Cecilia Suárez interpreta a una periodista con una ética profesional notable. Por su parte, Álvaro Guerrero, más que ser un presidente, encarna a un hombre con poder. Ambos histriones representan los polos opuestos de Bajo reserva, adaptación de la obra del catalán Pere Riera. “Es una analogía bien planteada. No se circunscribe a un espacio determinado, como México, pero damos pinceladas para que la gente piense en ciertas cosas que nos atañen”, apunta el también protagonista y productor Arturo Barba.

En esta obra se subrayan temas como la corrupción y la relación de las fuerzas políticas con los medios de comunicación. Aunque no es su principal objetivo, abrirá una herida en el público. El contenido político y humano del texto llevó a que el director Enrique Singer fuera invitado a dirigir el montaje, ya que pocos saben lo que es detentar el poder, él lo sabe dentro del ámbito cultural.

Lo que salva a esta puesta en escena de caer en el panfleto o en la denuncia radical es la anécdota que se presenta. “Todos tenemos cola que nos pisen. En la obra se descubren situaciones comprometedoras del presidente y actividades de la hija de la reportera, entonces viene la negociación”, declara Barba, cuyo personaje, un jefe de prensa, es el puente entre el político y la periodista.

La relación entre grupos de poder llega a los escenarios para recordarnos que detrás de las guerras que propician, están personas con intereses propios.

Por Enrique Saavedra

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