Domingos de rehab

Teatro
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Que una obra de teatro te produzca un guiño de aprobación es reconfortante, pero que te genere la n-e-c-e-s-i-d-a-d de recomendársela a todo inocente desconocido que pase por tu camino es un agasajo. Esto último pasa con Domingos de rehab; más que teatro, una experiencia de adicciones.

Todo arranca confesando tu más suculenta adicción. Te la escriben en una etiqueta que debes pegarte como carta de presentación: Soy Karina, adicta a ____. Entonces ingresas a El Patio 77, el primer hotel ecológico de la ciudad, instalado en una bella casa de 1891 con jardín, pisos de ajedrez, cuadros de collage y ocho habitaciones, mismas que fungen como las locaciones de la obra.

Son cuatro historias sobre adicciones versátiles, cada una de 15 minutos, a las que al final se suma una quinta pieza interpretada por todos los actores. Antes de ingresar a las obras, te invitan una chela artesanal para convivir y “agarrar confianza”. Entras, te recibe el catrín de la mansión para “cederte” el gran privilegio de pasar a sus aposentos, dice.

Ya adentro, la dinámica hace que el público se divida en grupos para ver cada una de las puestas en escena dirigidas por Alonso Íñiguez, Juan José Tagle, Samuel Sosa, Paula Watson y Joserra Zúñiga. Los minutos están perfectamente sincronizados a fin de que cambies de habitación justo al tiempo que el otro grupo deja el cuarto.

Lo mágico no es la organización (aunque ayuda bastante para disfrutar la experiencia), sino los recovecos de las historias al retratar adicciones seductoras, como la obsesión de una mujer por una bastante chaira y cómica psicomagia, y la manía de un par de nerds por el iPhone/iPad/todo-lo-de-Mac, contada con un sarcástico estilo quijotesco, una de las piezas mejor logradas de este rehab.

Por primera vez, las adicciones no están vistas como una enfermedad que te obliga al reclutamiento en grupos de ayuda o a la mediocridad humana, sino como una ceremonia al autoconocimiento y la inspiración por dejarte ser, zafarte de conflictos internos y bailar con tu propia energía, pese a cualquier crítica ajena. En sus propias palabras, “centrar los esfuerzos en paliar la adicción más peligrosa: el sistema. Una adicción que nos anula como individuos y nos inmoviliza como colectivo”, asegura la directora artística Raquel Bañón.

Una hora de teatro: check! ¿Qué sigue? Chelas, tentempiés, vino y música. Un espacio para convivir, revivir la experiencia y escuchar el miniconcierto de bandas como Belvès, una dupla integrada por músicos de Alemania y España. En junio tocará Gloom, banda de rock experimental.

Domingos de rehab, más que cuatro obras de teatro breve, es una experiencia en la que uno reconoce manías afines a otros, obsesiones incomprensibles y el delicioso placer de tener una adicción innegable. ¡Larga vida al rehab! Terapia contra la apatía. 

Por Karina Eridhe Macias

Publicado

Sitio web del evento http://www.domingosderehab.com
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