El final

Teatro
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El final
Roberto Beltrán

Arturo Ríos se ha enfrentado a los textos de tres dramaturgos fundamentales del teatro contemporáneo: primero Anton Chéjov (en Tío Vania, dirigido por David Olguín) y luego Harold Pinter (en Viejos Tiempos, dirigido por Rubén Szuchmacher). Toca el turno a Samuel Beckett y el principio de este encuentro del actor con el dramaturgo será en El final.

Adaptación de un cuento corto del autor irlandés, esta puesta en escena reúne elementos que aseguran un trabajo de muy alto nivel: con este montaje, Por Piedad Teatro, una de las compañías independientes más estables, regresa al Distrito Federal luego de presentar su trabajo en Nueva York, sitio en el que se ha establecido luego de la buena recepción a su propuesta.

Toda la experiencia que Ana Graham ha sumado como fundadora, productora, traductora y actriz de esta compañía, la vierte ahora en su calidad de directora de este montaje, lo cual ocurrió más como una casualidad que como un viejo anhelo: “No lo había pensado. De pronto me topo con esta obra, pienso en Arturo y entonces me viene a la cabeza la dirigirla.”

Para ello, hizo su cómplice al actor que la ha acompañado en proyectos como Devastados, Ansia, Psiscosis 4:48, Fotografías explícitas, Los baños y El dragón dorado.

“No podría pensar dirigir a alguien más. Él y yo nos conocemos bastante, es un gran actor, es un maravilloso texto y al leerlo inmediatamente lo ví a él en el personaje”, asegura Ana.

En escena, Ríos se sumerge en la piel de un hombre viejo que, tras haber quedado sin casa, se da cuenta que el final se acerca, por lo que, sin estarlo, vive sus últimos días como un enfermo terminal. El vacío, la angustia y la nada beckettiana, muy presentes. “Beckett siempre nos enfrenta a cosas sublimes y terribles”, asegura el histrión.

“Beckett nos pregunta, al igual que todos los autores del llamado teatro del absurdo, ¿cuál es el sentido de la vida? Nos habla de este mundo baldío, devastado, en donde la esperanza es una burla de Dios o de un ser determinado, que la pone en los seres humanos para después desengañarlos y decirles que la realidad es cruel”.

Aclara que adentrarse en el universo de este dramaturgo es reflexionar desde lo profundo, pero también es divertirse muchísimo porque tiene un agudo sentido del humor y uno puede revolcarse de risa y amarlo, porque sus personajes son clásicos, entrañables y están plenos de riqueza.

Ana Graham apunta que, si bien Por Piedad Teatro se ha distinguido por presentar textos de autores muy posteriores a la generación del absurdo –Sarah Kane, Mark Ravenhill, Martin Crimp, Paul Walker, Roland Schimmelpfennig–, Beckett es tan actual como estos. “Lo que lo hace clásico es que su punto de vista es contemporáneo, dialoga con éste y todos los presentes”.

El hecho de hacer por primera vez un monólogo entusiasma al actor. “Voy a poder hacerlo durante muchos años porque no requiero de otros compañeros; eso nos va a permitir a Ana y a mí irlo creando; después del estreno tenemos todo el tiempo del mundo para bordarlo hasta que, como el título, a mí me llegue el final”.

Por Enrique Saavedra

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