Feliz nuevo siglo, Doktor Freud

Teatro, Drama
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Feliz nuevo siglo, Doktor Freud
Cortesía

Sigmund Freud patina. Al lado de su hija y otras tres eminencias de la psicología, el padre del psicoanálisis se desliza por el suelo, como celebrándose a sí mismo, tal vez se sabe fundamental para el entendimiento de la complejidad humana, aún en nuestro tiempo. El público ríe al ver patinando a tan seria figura.

La escena es parte de esta comedia de Sabina Berman que sube por segunda ocasión a los escenarios, luego de una primera y sumamente exitosa temporada de dos años que inició en 2002, dirigida por Sandra Félix. En esta ocasión, por petición de la propia autora, Alberto Lómnitz es el encargado ponerla en escena.

Cercana como suele estar al proceso de montaje y representación de sus textos, Berman comenta que, a pesar de una temática que parecería interesar a un sector muy específico de la población, es para un público muy amplio, que vive bajo la terminología de Freud, aunque jamás lo hayan leído o asistido a psicoanálisis.

Partiendo del célebre “caso Dora”, la dramaturga aprovecha para confrontar con nuestra época términos como neurosis, represión y perversión sexual.

“Todos saben que hay ideas patriarcales sobre la sexualidad, como el que las mujeres son tímidas y los hombres son psicóticos sexuales. De eso se trata la obra. Cuando oyen eso en escena, organizan la información y además les da mucha risa, porque reconocen que viven de acuerdo a esas ideas. Cuando Freud expone su teoría de la envidia del pene la gente llora de risa, hasta que se da cuenta que las ideas tienen consecuencias en la vida real. Entonces tragan saliva”.

Lómnitz maneja el texto con su acostumbrada solvencia. Su sencilla puesta en escena permite concentrar la atención en el trabajo del elenco, del que destaca la presencia de Pilar Ixquic Mata y la de David Hevia, quien propone a un Freud confrontado por sus propias teorías. Por lo mismo, un Freud sumamente divertido y entrañable.

Con este montaje, Berman pretende echar a andar su proyecto Teatro portátil, que consiste en llevar obras a espacios no usuales.

“Basta que nos den un espacio bajo techo donde podamos colocar  unas lámparas, tres muebles y una consola de sonido. No es teatro pobre: es teatro sin muros”.

Sin complejos freudianos, quizás.

Por Enrique Saavedra

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