Los ingrávidos

Teatro
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Los ingrávidos
Cortesía CCB

Una joven escritora mexicana trabaja como traductora en Nueva York. Al tiempo que busca construir su vida en la ciudad (y, por lo pronto, no dormir sola), descubre en una biblioteca la obra del poeta Gilberto Owen, quien años atrás recorriera las mismas calles también en una intrincada búsqueda personal. El estremecedor hallazgo la motiva a escribir algo que por fin haga justicia al legado del sinaloense.

Vanguardista como Lorca y contemporáneo de Villaurrutia y Novo, Owen tuvo como contraparte una vida personal particularmente problemática. Se quedó ciego a causa de su alcoholismo y murió a los 48 años en 1952. Así, el ambicioso texto por escribirse busca explorar todas esas dimensiones. Leer a un autor que se ocupó de la muerte: de las varias muertes que tenemos en vida, de las que resultan fantasmas que andan por ahí y conviven con uno mismo.

Con semejante reto narrativo, la obra toma varias vías. La protagonista relata en retrospectiva su propia historia, que es también la de la construcción de su texto sobre Owen y una introspección en la vida del autor. Así, distintos espacios y tiempos corren en paralelo. Con saltos de tiempo, aclaraciones que juegan a mostrar el guión al espectador y una narradora de gran pertinencia, Los ingrávidos abre la puerta a un tortuoso proceso de escritura: decisiones, tropiezos y pasiones al tejer una historia.

Llevado al límite, el ejercicio resulta en un texto que parece explotar en las manos de quien escribe, donde realidad y ficción se entrecruzan, donde las capas y niveles de la narración se funden.

En ese espacio de intimidad que construyen Joaquín Cosío, Haydeé Boetto y Cassandra Ciangherotti, el tema de la obra parece replicarse en su trabajo de montaje: teatro dentro del teatro que resulta de una interpretación de Fernando Bonilla de la novela homónima de Valeria Luiselli, a su vez una interpretación de las cartas y poemas de Owen.

“Una infinita cadena interpretativa, intangible, ingrávida”, afirma al respecto Fernando Bonilla, un director al que es ineludible seguirle la pista.

Si quieres leer más sobre el libro que inspiró esta obra, consulta nuestra reseña.

Por Alberto Vega

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