Los ojos de Ana

Teatro
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Los ojos no son la ventana del alma, son los poseedores de la verdad, de eso que no nos atrevemos a mirar cuando estamos frente al espejo, de eso que tratamos de evadir cuando sólo notamos que nos hace falta cortarnos el cabello, depilarnos las cejas, eliminar el acné y las ojeras. Son los defectos de esa cara que mostramos al mundo tratando de encajar.

Los adolescentes les mienten a los adultos. Los adultos a los adolescentes, a otros adultos, e incluso, a ellos mismos. Hace falta un par de ojos como los de Ana para ver lo imperfectos que somos y las mentiras en las que vivimos todos los días. Hace falta valor para reconocer que los ojos de Ana tienen razón.

Luego de su primera temporada a finales de 2013 en La Capilla, Los ojos de Ana llega al Teatro Sergio Magaña, como una propuesta que busca sacar al público adolescente del letargo de los efectos especiales de las salas de cine y trasladarlo a la intimidad del escenario.

Fiel a su estilo, el texto del escritor canadiense Luc Tartar toma como pretexto el tema del bullying y da voz a las angustias y problemas adolescentes de manera honesta, sin manosearlo y llenarlo de cursilerías y sentimentalismos baratos. Relata la historia de una adolescente que, a diferencia de quienes la rodean, acepta aquello que la hace distinta y desafía su entorno, lo que no la exenta de sufrir las consecuencias de semejante insolencia.

Lo toma de pretexto porque en su montaje, Boris Schoemann nos lleva de un personaje a otro hasta descubrir que Los ojos de Ana no se limita a la historia de una joven agredida en la escuela, la obra toca distintas temáticas que van de lo individual a lo familiar, laboral y social.

La de Ana es nuestra historia, la del vecino de butaca, la de los actores mismos y hasta la del equipo de producción de Los Endebles, quienes acompasados por el leitmotiv de una melodía de Javier Solís echan mano de la economía de recursos con una escenografía sencilla pero dinámica, gracias a la que no nos depositan en la butaca como entes vacíos si no que nos hacen partícipes de la historia para armar un rompecabezas del cual formamos parte imprescindible.

Destaca la manera en que los actores Guillermina Campuzano, Alejandro Morales, José Cremayer, Christian Diez y Mahalat Sánchez se apropian del texto y enriquecen la impecable traducción literaria de Humberto Pérez, que debido a la estructura de teatro clásico de la obra (sin puntuación ni personajes o diálogos) y al slang de los suburbios franceses, tuvo cierto grado de dificultad.

Entonces, ¿de qué trata Los ojos de Ana? ¿De bullying, familias disfuncionales, de lo complicado que es ser diferente o de lo difícil que es simplemente ser? Esas interrogantes pueden o no desaparecer, sin embargo, la pregunta que realmente queda en el aire es ¿cómo me vería yo a través de esta mirada?

Por Cyntia Tenorio

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