Negación

Teatro, Drama
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Cuando Petra Celiu tenía miedo, su esposo Julián la tomaba de la mano para tranquilizarla. Pero ahora él ya no está. Desde hace dos semanas se perdió en el mar, junto con su hijo Matías.

Sólo queda esperar el repique de un teléfono rojo. Una voz al otro lado de la línea que anuncie que es necesario ir a reconocer un cuerpo con la palabra “agua” tatuada en portugués en el brazo.

Cuando alguien sufre como Petra, quizás sea mejor no afrontar la realidad y aferrarse a la idea de que el mar será benevolente. Ella sabe de los contrastes de la vida y ha aprendido que todo lo bueno se acaba. Ahora la habita la tristeza y no puede aceptarlo. 

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación son las cinco etapas de duelo, del proceso al que debe enfrentarse cada persona cuando pierde a un ser querido. Por lo menos, esto es lo que presentó la psicóloga Elisabeth Kübler Ross en la década de los sesenta. El primer paso hacia la aceptación es la negación.

La dirección de Josejuan Meraz nos lleva por el proceso en el que la protagonista debe aceptar su pérdida y seguir adelante, esto a través de su otredad (el dolor), con el que hace un recorrido por su vida: recuerda la muerte de su padre, la ausencia de su madre, la separación de su hermano, la llegada a una familia sustituta y todo su historia de amor con Julián hasta la llegada de su único hijo.

Petra construye su propia defensa contra la realidad. Su dolor cobra vida en un ente imaginario que se convierte en su salvavidas y que la ayuda en ese recorrido por los buenos tiempos que no regresarán. Somos testigos de cómo el personaje irreal sirve para aceptar que ha perdido a su esposo e hijo.

Meraz logra que Guadalupe Damián y Diana Lein se impongan en el escenario y expriman el texto al máximo. Las actrices transmiten cada sensación de dolor, quebranto, desilusión, desesperanza y finalmente, de orfandad.

El escritor Daniel de la O ha hecho tan buen trabajo con el texto que en los 60 minutos podemos ir de una emoción a otra casi sin darnos cuenta: con chistes tontos sobre peces, coreografías que conmueven, una sonrisa involuntaria al imaginar la música de un acordeón, hasta la desolación que pueden causar dos cuerpos inertes sobre la arena.

A Petra sólo le quedan miedos por vencer y el consuelo de una promesa cumplida: la de Julián de nunca dejar ir ni a ella ni al pequeño Matías.

La obra apuesta –y gana– a que nadie puede ser indiferente al proceso de la pérdida, pues todos hemos vivido y sufrido un duelo.

La Compañía Sin Sonrisa Teatro presenta la tercera temporada de esta puesta en escena que da inicio a una serie de cinco obras, cada una inspirada en una fase del duelo.

Por Melissa Moreno

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