Panorama desde el puente

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Panorama desde el puente
Luis Rojo

La descripción que hace la crítica teatral más reconocida del país, Olga Harmony, sobre este trabajo en su columna de La Jornada es implacable. No perdona a los productores Jorge Ortiz de Pinedo y a su hijo Pedro, traductor y adaptador de la misma, y dice que ambos “…violentan todas las premisas de lo que entendemos por un buen teatro”. Tampoco perdona que un espacio administrado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se preste para una producción de tan claro corte comercial.  Y yo justo terminaba de leer esto cuando me dirigía al teatro a ver esta obra. Intenté verla sin prejuicio. Imposible. Arthur Miller, como comenté en una reseña anterior dedicada al montaje La muerte de un viajante que terminó recientemente temporada en el Foro Cultural Chapultepec, es un autor y activista que atacó las políticas de la derecha norteamericana y cuestionó el aspiracional capitalista del ahora ya desenmascarado American Dream. Esta obra no es la excepción. Eddie Carbone (Mauricio Islas) es un italoamericano que vive con su esposa Bea (Lumi Cabazos) y su sobrina Katie (Sara Maldonado) en los suburbios de Nueva York durante la intensa inmigración de italianos a EU en la primera mitad del siglo pasado. Los inmigrantes eran víctimas de una severa ley que restringía sobretodo la entrada de judíos e italianos. La familia Carbone recibe a dos inmigrantes ilegales italianos: uno de ellos (Mauricio Martínez), un atractivo soltero que se enamora de la joven Katie, con quien desea comprometerse. Sin lógica alguna, el señor Carbone comienza a poner trabas a la pareja. Eddie aparenta ser el protector y proveedor alfa, aunque en el fondo es un hombre ciego de poder y posesión. Así, traiciona a los inmigrantes. Su soberbia le impide aceptar sus deseos ocultos y rechaza la rebelión que él mismo provoca en su contra. Y he aquí la premisa que este montaje evade, pues Eddie es la viva representación del capitalismo voraz, represor de libertades.  Así que una obra de temática universal y oportuna es usada en función del prestigio de cierto gremio televisivo y disminuida a contar una historia cuyo contexto es visto con ligereza (por no decir frivolidad). En este sentido, José Solé resulta desafortunadamente impecable, pues funciona como un buen narrador, eficaz, que trabaja en sus actores ritmo y estereotipados matices que la hacen fluir sin mayor riesgo artístico. Para quienes desconozcan la obra de Miller, o para los no muy aficionados al teatro y la literatura, la limpieza de la escena puede confundirse con la calidad del contenido y entonces se comprende que a mucha gente puede parecerle un muy buen trabajo. Yo, la verdad, aplaudí poquito.

Por Silvia Ortega

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