Pequeños zorros

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Pequeños zorros
Foto: Mattza Tobón

Se trata de una historia de familia, pero también se trata de la historia del modelo económico que sustenta a todo un país y, de hecho, a casi todo el mundo. El clásico contemporáneo de la dramaturga estadounidense Lilian Hellman fue estrenado en Nueva York en 1939 y desde entonces ha dado cuenta, desde la ficción y el drama, de la irrupción del capitalismo como forma de control y explotación humana, a través de la historia de la familia Giddens.

En México, esta obra fue estrenada profesionalmente en 1968 bajo la dirección de José Solé y la actuación de las legendarias Carmen Montejo y Marga López. Casi cincuenta años después, el director Luis de Tavira retoma el texto, que él mismo tradujo junto con José María de Tavira, y pone énfasis en los claroscuros de cada uno de los ambiguos personajes que habitan esta tragedia contemporánea en la que Regina Giddens es capaz de todo para satisfacer sus propias ambiciones en un tiempo en el que lo único que se esperaba de una mujer era su absoluta sumisión en el hogar y en la sociedad.

Enmarcada en los primeros años del siglo XX, el drama de Hellman presenta un tema inagotable e inherente todavía al México del siglo XXI: el deseo de subir peldaños en la escala social y las consecuencias de intentarlo. Son personajes difíciles, por ello sus actores los abordan de tal forma que ante los ojos del espectador no pasen como simples buenos o malos, fuertes o débiles, sino como seres humanos tan complejos como el mundo que habitan. La riqueza emocional que sostiene a los miembros de esta familia es recíproca con la diversidad de experiencias y trayectorias del nutrido reparto.

Stefanie Weiss, Raúl Adalid, Arturo Ríos, Juan Carlos Vives, Yulenni Pérez Verti, Rodolfo Guerrero, Pedro de Tavira, Ana Clara Castañón, Marisol Castillo y José Antonio Becerril interpretan esta obra bajo la rigurosa batuta de Luis de Tavira, quien vuelve a contar, como en distintas ocasiones a lo largo de su trayectoria, con la colaboración del prestigiado escenógrafo Alejandro Luna, quien con su diseño privilegiará una atmósfera íntima que encierra las disputas universales que sostiene esta familia.

Ya sea por la fuerte crítica que se hace de la sociedad capitalista de entonces y de ahora, o bien por su disección de las relaciones familiares en un contexto norteamericano que nada le pide al nuestro, vale la pena visitar la casa de estos pequeños zorros que amenazan con permanecer como clásicos de nuestro teatro.

Por Enrique Saavedra

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