Una luna para los malnacidos

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Una luna para los malnacidos
Foto: Carlos Alvar

Su título original, A Moon for the Misbegotten, alude a lo ilegítimo y a los bastardos. Tras revisar la traducción que Humberto Pérez Mortera hizo para esta puesta en escena, el director Mario Espinosa buscó un título que remitiera no solamente a las víctimas. "Los personajes presumen de ser duros y villanos, pero en el fondo no lo son”, asegura Espinosa.

Padre del llamado realismo norteamericano –que continuaran Tennessee Williams, Arthur Miller y Edward Albee-, Eugene O’Neill es uno de los principales dramaturgos de la escena universal del siglo XX, aunque en México sus obras son más estudiadas y comentadas que llevadas a escena. De hecho, aunque esta obra fue montada en 1958 por el actor Augusto Benedico, se le considera un estreno en nuestro país.

“Es una obra de cámara, con pocos personajes, y me apasiona por la capacidad que tiene para manejar la tragicomedia. Por un lado tiene un sentido del humor fantástico y, por otro, tiene la dimensión trágica propia de las obras de O’Neill, con un humor muy oscuro”, apunta el director.

La acción recae en tres personajes: un granjero, su hija y el dueño de la granja, James Tyrone, que es el hermano mayor del propio autor y a quien O’Neill también presentó como personaje fundamental de su obra Viaje de un largo día hacia la noche.

“Como el hermano era ingenioso y muy alcohólico, pero fracasado como profesional, de esas personas que a veces no cuajan en la vida, O’Neill le hace un homenaje en el cual habla de sus miserias, pero también habla de sus cualidades”.

Eso es lo que busca explotar Espinosa en este montaje, cuya base son los tres destacados actores que lo protagonizan: Patricio Castillo, David Hevia, Alaciel Molas y José Juan Sánchez.

Por Enrique Saavedra

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