Wit: despertar a la vida

Teatro, Teatro contemporáneo
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Wit: despertar a la vida
Foto: Cortesía de la producción

¿Cómo estamos hoy? Le preguntan a la Doctora Vivian Bearing cada día, a cada rato. Esa pregunta tan común que se plantea en todas partes más por costumbre y formalismo que por verdadero interés. Cobra dimensiones más severas cuando se plantea en un hospital, en el día a día de un tratamiento en contra del cáncer de ovario, en el entrar y salir de doctores y enfermeras que hurgan en el cuerpo humano como en una caja de dulces, en la paulatina destrucción física y moral de una mujer por una enfermedad.

Escrita por la dramaturga Margaret Edson, a partir de sus experiencias trabajando en el área de enfermedades terminales de un hospital, esta obra ganadora del Premio Pulitzer en 1999 presenta una travesía mental y emocional por los recuerdos de la prestigiosa Doctora en Letras, especialista en el estudio de los sonetos sacros de John Donne. Un viaje rico en hallazgos interiores que sólo puede tomar dos horas, las últimas de la vida de una mujer otrora intelectual, soberbia y sarcástica.

Estrenado en México hace 15 años por Susana Alexander, el texto tiene una nueva vida gracias a la dirección de Diego del Río, quien en esta ocasión no escatima en su joven talento para construir un universo redondo, cruel y entrañable, en el que cada acción, pero sobre todo cada palabra adquieren un valor único. Una puesta en escena impecable –completada por la escenografía de Laura Rodé, la luz de Matías Gorlero y la música de Iker Madrid–  que contrasta con la miseria de algunos personajes y situaciones.

Y aunque el punto débil del montaje radica en la incorrecta elección del ensamble de jóvenes actores que no están a la altura de sus compañeros de escena, precisamente el punto fuerte se halla en la presencia de una exquisita actriz como Marisa Rubio, el justo y puntual Fernando Becerril y la asombrosa Concepción Márquez, quien con tan sólo dos escenas confirma por qué es una actriz imprescindible en éste y otros proyectos. Pero el punto más alto, el que dota de sentido a las dos horas del montaje, es su protagonista.

Paloma Woolrich encuentra en Vivian Bearing el personaje definitivo no para consolidarse, sino para obtener el justo reconocimiento a su importancia como actriz de teatro, cine y tv. Desde la profesora arrogante hasta la mujer humillada, pasando por la fiel lectora de los sonetos de John Donne, la actriz ofrece en cada escena una sorpresa, una revelación, una transgresión de la intimidad, un guiño a la vida, un soplo de muerte: un acercamiento a las virtudes y miserias del género humano.

Una obra –en la que Once Once Producciones echa la casa por la ventana– para salir del teatro dotando de un sentido muy distinto, ojalá más relevante, a la pregunta: ¿cómo estamos hoy?

Por Enrique Saavedra

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karen e
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Excelente obra! muy recomendable . Felicidades a Diego por la producción y al elenco por su actuación.

codyseven

La dificultad de casi un monologo de 2 horas, un texto que trata de abordar varias perspectivas pero sin ser moralina. Excelente obra. Con la misma causa social de su tema. Ampliamente recomendable.