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Obras arquitectónicas de Alberto Kalach

El creador de la Biblioteca Vasconcelos y el Faro de Oriente ha construido en todo el DF. Te ofrecemos un recorrido por su obra tan fructífera como polémica

Foto: Alejandra Carbajal

Si los edificios de esta ciudad hablaran, escucharíamos el nombre de Alberto Kalach por los cuatro puntos cardinales, pues se trata de uno de los arquitectos contemporáneos más prolíficos y reconocidos del país. Su obra abarca igual una galería de arte que una biblioteca pública o un puñado de condominios de lujo, además de propuestas profundas a nivel teórico, como su proyecto Ciudad Futura, que apuesta por rehabilitar los lagos de la ciudad.

Pero ni sus estudios en la Cornell University ni su primer lugar en el Concurso Internacional Petrosino Park de Nueva York lo han librado de críticas. La más dura de ellas contra la Biblioteca Vasconcelos. Desde su concepción cuasibíblica de un espacio para la cultura, y el contexto político en que se desarrolló, se situó en medio de la polémica.

Aunque el diseño y la personalidad arquitectónica están ahí, una breve vuelta por algunas de sus obras más emblemáticas reflejan una dura realidad para quienes disfrutamos los espacios integrados a la ciudad. Visto así, Kalach parece sinónimo de ensimismamiento: construcciones volcadas hacia su interior sin más que muecas sobrias y duras hacia la calle.

Para corroborar o negarlo tenemos su obra, a la vista de todos, para que la entendamos y la consideremos en nuestra búsqueda eterna de la ciudad ideal, el DF que queremos

Biblioteca Vasconcelos

En 2003, Kalach dejó de ser un nombre confi nado a los círculos internos de la alta arquitectura y se colocó en la mirada pública al ganar junto con su equipo (Juan Palomar, Tonatiuh Martínez y Gustavo Lipkau) el concurso para la construcción de la magna obra de la administración de Vicente Fox en términos de cultura: la Biblioteca Vasconcelos. A ocho años de su inauguración, el balance de este proyecto sigue siendo desfavorable. Lo que fue concebido como un arca cargada de conocimiento, con estanterías colgantes como racimos de libros en medio de un jardín del Edén, parece en realidad un bastión de cultura elitista que guarda un diálogo muy pobre con las avenidas que la rodean (Mosqueta y Aldama) o el barrio que lo alberga, la populosa Guerrero. ¿No debería una biblioteca pública, en tanto proyecto gubernamental, seguir un principio de máxima apertura para llevar el conocimiento a las masas?

Pese a todo esto, la experiencia de visitar este espacio de 37 mil metros cuadrados es realmente única. Una manera simple de comprobarlo es tomar un libro y leerlo en los sofás en la cabecera norte, que tienen una vista hacia todo lo largo del galerón. Ahí la lectura se mezcla con el espacio y, aunque no quieras, los pensamientos brotan. Un punto obligado de este lugar es la escultura colgante Mátrix móvil, del artista Gabriel Orozco. Se trata del esqueleto de una ballena gris de casi 11 metros, decorado con líneas que simulan olas y ondas sonoras. Esta obra, ubicada en el centro de la biblioteca, resume el espíritu megalómano, suspendido y bello del lugar.

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Faro de Oriente

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Hacia el final de la Ignacio Zaragoza, donde el paisaje está marcado por la marginación, Kalach le quitó la grandilocuencia a su arquitectura y la dotó de utilidad social. Con el aval de las autoridades de cultura de la ciudad, el arquitecto convirtió un antiguo basurero –en una de las delegaciones más hacinadas y carentes de servicios– en un auténtico foco de cultura que ha llevado luz a jóvenes en la zona oriente, con talleres, funciones de cine y teatro. Se trata de un espacio que busca desconcentrar y reinterpretar la cultura, haciéndola más dinámica y participativa. En sus 25 mil metros cuadrados, la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) tiene distintos espacios que sirven como galerías, foros, salones, además de una ludoteca, jardín y terrazas.

Irónicamente, este espacio –enclavado en una de las zonas con mayor criminalidad de la ciudad– es de los más abiertos en la obra de Kalach. Su seguridad está guardada por una reja simple, bastante porosa, que sirve como lienzo para grafitis. A 14 años de su inauguración, el proyecto ha sido replicado en Tláhuac, Milpa Alta y Gustavo A. Madero.

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Casa Tonalá

Casa Tonalá

Si tomáramos en serio aquel principio de que las ventanas son los ojos de un inmueble, podríamos decir que este edificio de departamentos está casi ciego. En su planta baja no hay más que muros de concreto crudo, vidrios ahumados y algunas rejas en los accesos a las cocheras, lo cual lleva nuevamente a pensar en que el arquitecto prefiere los lugares que miran hacia dentro. Se entiende que la función de este complejo está ligada a brindar privacidad y seguridad a quienes lo habitan, pero no una evolución de la vivienda hacia la autoexclusión en un barrio con dinámicas comunales cada vez más evidentes.

Su aspecto neutro con los materiales típicos de Kalach (acero, concreto y vidrio) desencaja en medio de las fachadas neoclásicas de la colonia, pero lo mismo se dijo de la pirámide de cristal en el Museo de Louvre en París, y hoy es un ícono.

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