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Entrevista con David Choe

Nos cuenta sobre su nueva exposición y de su fascinación por México

Foto: Paola Monter

David Choe vino al DF con un as bajo la manga: la exposición Snowman Monkey BBQ, la primera en más de cuatro años. El título alude a tres palabras que los apostadores chinos usan en las mesas de bacará: "snowman" es la carta ocho (por su parecido a un muñeco de nieve), "monkey" es una carta con rostro y "BBQ" es la emoción de quien está a punto de ganar.

Después de pasar algunos meses en la cárcel y luego en rehabilitación, este grafitero californiano de raíces coreanas invadió el Museo del Chopo con su dirty style, técnica que hace de lo grotesco algo bello, al combinar la crudeza con el deseo.

Choe se volvió millonario gracias a Facebook. Fue el encargado de pintar los muros de las oficinas de Sean Parker y Mark Zuckerberg, dueños de la red social. Ellos pagaron su trabajo con acciones de la empresa, por lo que Choe, a la fecha, ha acumulado casi 200 millones de dólares.

¿Por qué elegiste México para regresar al mundo del arte?
Porque amo pintar aquí, es perfecto porque todo está lleno de color. Además, podría comer tacos todos los días.

A tu instalación le agregaste elementos mexicanos: juguetes, piñatas, tiliches. ¿Cómo los seleccionaste?
Cuando pinto en otro país me gusta utilizar lo que hay allí. Fui al mercado de Sonora y compré las piñatas, también pedí que me hicieran una especial con forma de ballena gigante. Ahí conseguí artículos de santería y figurillas de acción para integrarlos a la escultura. Si voy a hacer una exposición en México, quiero que sea una que sólo pueda existir aquí.

Trabajaste con el artista Pedro Friedeberg, ¿cómo fue este intercambio de ideas?
Pedro y yo ya nos conocíamos por amigos comunes. Un día, mientras preparaba la exhibición, se me ocurrió decirle si quería trabajar conmigo. Tomamos tequila y mezcal mientras doblábamos papeles por la mitad, él pintaba de un lado de la hoja y yo del otro. Estas ilustraciones las desdoblamos y ahora forman parte de la exposición. Con él experimenté mi parte favorita de pintar, porque no hubo rigor, sólo diversión y creatividad.

Cuéntame sobre estos murales, ¿en qué te inspiraste y cuánto tiempo te llevó hacerlos?
El mural principal lo hice en cinco días, los laterales en dos y el posterior en cinco minutos. Hacer grandes pinturas como éstas equivale a una diarrea espiritual: hay que dejar salir todo lo de adentro. No hago bocetos, todo es free style. En la primera fase los murales lucían bastante feos, aunque para muchas personas eran impresionantes para otras podrían ser una mierda o arte abstracto. Para mí, pintar es como entrar en meditación.

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