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Razones para ver Qué difícil es ser un dios

¿Por qué vale la pena ir al cine y ver esta película en blanco y negro?

Foto: Cortesía Interior XIII
Qué difícil es ser un dios, basada en una novela homónima de ciencia ficción, es un agasajo sensorial. Aunque se puede ser difícil de seguir por sus casi tres horas de metraje en blanco y negro, así como la saturación de imágenes incómodas que muestran al ser humano en estados bárbaros y escatológicos; sin embargo, existen muchas otras razones para vivir la experiencia de verla en pantalla. A continuación enlistamos algunas:

Ciencia ficción como no la habías visto

¿Quién diría que las armaduras de caballero medieval podrían pertenecer a este género? La historia desarrolla una distopía en un planeta similar a la Tierra, que está inmerso en el totalitarismo y en la persecución intelectual. Se emparenta más con cintas como Fahrenheit 451, que con Yo, Robot. Los elementos extraterrestres apuntan hacia un futurismo que parece un retroceso histórico y carece de adelantos tecnológicos, contrario a lo que sucede en una buena parte de las obras del género.

Por la dedicación con la que está hecha

El tiempo de rodaje fue de seis años, ya que cada detalle se planeó minuciosamente: el casting del reparto se hizo en múltiples puntos de Europa y Asia, a fin conseguir los rostros y expresiones precisas para cada toma; la ciudad medieval se diseñó con tal apego histórico, que se recrea en escena la misma técnica empleada hace siete siglos para fabricar espadas. La posproducción involucró muchos procesos de mezcla y edición de sonido y se prologó por ocho años. El director falleció poco antes de finalizar el proyecto, completado por su esposa e hijo.

La pluma de dos grandes de la ciencia ficción

¿Sabías que Stalker (1979), una de las películas más aclamadas de Andrei Tarkovsky, está basada en una novela de Arkadiy y Bors Strugatskiy? La cinta se inspiró en Picnic Extraterrestre y de ellos, los mejores autores del género en la Unión Soviética, también es el libro Qué difícil es ser un dios.

Fuerza visual

Un hombre se dispone a liberar a otra persona de un cepo, ante lo cual le advierten que el esclavo ha estado encadenado desde los tres años. El liberado corre por breves momentos, para después rendirse a su falta de orientación y acabar en el piso en posición fetal. Rostros grotescos que se retuercen, penes y traseros al aire, calles enlodadas y cuerpos ensangrentados. Es una cinta que cala a través de la fuerza de imágenes que impactan e impiden apartar la mirada.

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