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Entrevista con Andrea Christiansen

La artista clown Andrea Christiansen nos platicó sobre su espectáculo para niños Delirium Pollum, dirigido por Gervais Gaudreault

Foto: Cortesía de la producción

El teatro para niños ofrece también espectáculos de clown, como el que preparo la artista clown Andrea Christiansen junto con el experto en artes escénicas Gervais Gaudreault, Delirium Pollum.

Se trata de un espectáculo de humor que no necesita de palabras, sólo de objetos divertidos y gestos, para contarnos un momento en la vida cotidiana de Pimpolina, el personaje con el que la clown han recorrido el continente americano con diferentes espectáculos, como Sueños en la pista o Stand By. Por ello platicamos con Andrea Christiansen.

¿Cómo surge esta nueva historia?
Esta obra surge del trabajo en conjunto mío, como Pimpolina, y de Gervais Gaudreault, quien es director de la compañía canadiense Carrousel. Lo que hicimos fue conjuntar el encuentro de su visión escénica y mi trabajo como payasa; es decir, reunimos el teatro con el circo. Un poco de la idea del espectáculo es el llamar la atención sobre la importancia de ver la realidad con una actitud creativa, que de alguna manera se puede transformar la realidad en lo que nosotros queramos todo el tiempo. También es llamar la atención al poder de la creatividad para superar la realidad.

Al ser un espectáculo sin palabras, ¿qué importancia tienen los elementos visuales y cómo te apoyas de ellos?
Es una obra muy visual y trabajo con muchos objetos y elementos domésticos. Utilizo un pollo, un horno y hay una puerta. Tal vez el elemento más llamativo es una tina de baño de la que van saliendo muchos objetos. Hay unos destapacaños con los que hago una parodia del número de cuchillos del circo... Aunque es un espectáculo unipersonal, hay otros personajes importantes como un pollo, el pez y el guante rojo, que se encarga de meter y poner los elementos en escena.

¿Por qué decides hacerlo rodeada de tareas domésticas y no de otras situaciones cotidianas?
Todos los elementos domésticos, por un lado, son muy simples pero, por el otro, también les veo un lado muy absurdo que fácilmente dan para la comicidad, me parecían perfectos para un trabajo cómico. Además, me parece que a la vez crean metáforas profundas y permiten trascender a otros temas, como la importancia de soñar o la libertad. De hecho, el personaje durante toda la obra se trasciende o se mueve entre dos mundos, dos realidades: lo doméstico y la fantasía. Finalmente triunfa la fantasía y eso es un lujo que sólo puedes darte en el escenario.

Comentas que tiene como finalidad hacernos reflexionar sobre nuestra capacidad de asombro. Al hacer esta obra, ¿qué fue lo que más te asombró de ella? ¿Qué es lo que más te sorprende de los públicos infantiles?
Los niños son muy perceptivos, se dan cuenta de cada detalle y lo llevan como al máximo, y no se les pasa nada por alto, es como si fueran detectives. Para el actor eso es muy emocionante. Por otro lado, son personas con mucha honestidad y eso te permite saber exactamente lo que le está pasando al espectador. Como el payaso va tejiendo todo su trabajo a partir de esa respuesta, es muy importante saber qué ocurre con ellos, y los niños inmediatamente transmiten lo que están percibiendo. Es una retroalimentación importantísima.

En cuanto a la obra, que es un ejercicio de improvisación, me di cuenta de cómo en realidad todas las cosas guardan una relación y una coherencia entre sí. Es como si el universo que uno crea en el escenario adquiriera su propia coherencia, su propia vida y orden interno.

Delirium Pollum tendrá temporada en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, del 9 de abril al 15 de mayo.

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