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DF, tradición lacustre

La ciudad que nació sobre un lago, ahora lucha por recordar qué es el agua. Hacemos un recorrido por algunos vestigios de su húmedo pasado

Acequia Real

Acequia Real

Hasta principios del siglo pasado era posible navegar desde Xochimilco al centro de la ciudad, a través de canales. Seguro esto causa extrañeza ahora, pero en realidad fue lo normal en la dinámica de la "Venecia mexicana", hasta que alguien decidió privarnos del contacto directo con el agua. La acequia real en la calle de Corregidora fue desecada totalmente a fines de los treinta, al igual que el puerto más cercano al centro, el embarcadero de Roldán. La huella del agua en esta infraestructura es tan evidente que todavía hoy, después de las remodelaciones más recientes a esa zona del primer cuadro, es posible visualizar las pequeñas canoas y trajineras cargadas con verduras atracando bajo el pequeño puente de piedra contiguo a La Merced. Las crónicas de lo insalubre y pestilente que llegó a ser la acequia, me dan una imagen no muy distinta a la que actualmente tiene, ahora atestada de comercio informal.

Cárcamo de Dolores

Por muchos siglos fue la principal fuente de agua dulce de la ciudad, desde tiempos del emperador Moctezuma, quien tenía ahí algo así como su spa personal. En 1951, Diego Rivera le rindió un tributo a esta realidad con el mural El agua, origen de la vida, que decora el edificio de bombeo construído en medio del bosque. La obra magna culmina en una gran explanada con la Fuente de Tláloc, donde el artista, fiel a su estilo, recurre al pasado mítico para exponer un punto de forma grandilocuente. El cárcamo fue pensado para distribuir el agua traída del río Lerma, por el oriente de la ciudad, pero perdió importancia a medida que aumentó el porcentaje del líquido que se obtiene directamente de pozos. Después de una remodelación, encabezada por Alberto Kalach en 2010, el lugar sobrevive como un testigo mudo del protagonismo de Chapultepec en el abasto de agua, pero al igual que muchos sitios de la segunda sección, está semiabandonado. Actualmente, una instalación sonora (La cámara Lambdoma, de Ariel Guzik) facilita el trabajo de imaginación de los visitantes. Uno puede estar en el magnífico edificio modernista y escuchar el paso del agua mientras visualiza el retrato mítico realizado por Rivera.

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Chapultepec Segunda Sección

Parque Bicentenario

El agua puede llenar de verdor una refinería abandonada y tóxica. La ciudad lo sabe bien después de lo realizado en estas 55 hectáreas recuperadas. El trabajo fue arduo y, al final, el espacio fue presentado como una de las joyas en la celebración del bicentenario. Para ser honesto, me conmueve más la proeza de devolver un lugar limpio y digno a la población que cualquier batalla histórica. El manejo del agua en el parque corrió a cargo de un veterano en el tema, el arquitecto y urbanista Mario Schjetnan, responsable también de los parques Tezozomoc y Ecológico de Xochimilco. Visita el chinampero y el canal. Nadie se puede perder lo bello del sauce que crece en el costado poniente frente a un espejo de agua. Los embudos recolectores en el centro de los edificios también son un caso envidiable de cómo un poco de buen diseño es de primera utilidad para cualquier desarrollo.

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Refinería 18 de Marzo
Río Magdalena

Río Magdalena

No podemos dejar de hablar de su último río vivo. Bueno, vivo es sólo un decir, porque tiene un gran tramo que yo veo bastante muerto... y es justo el tramo que coincide con la ciudad. Es triste decirlo, pero mi conclusión es que el río sobrevive porque es realmente difícil llegar a donde nace y corre en los extremos de la Magdalena Contreras. De otra forma, correría la misma suerte de los ríos Piedad, Becerra y Tacubaya, primero contaminados y luego sepultados bajo capas de concreto. Nadie puede perderse esta lección de destrucción fluvial, para lo cual recomiendo el siguiente ejercicio: seguir el recorrido del río. Nace en Los Dinamos (en su parte más alta), con aguas cristalinas. Luego hay que seguirlo hasta Universidad y Francisco Sosa, en Coyoacán. Algunos sauces y olores pestilentes atestiguan su paso. En el camino hay que tomar nota de los distintos niveles de suciedad y deterioro del río. Para completar la experiencia hay que comparar lo bello del Magdalena (es bello a pesar de todos sus problemas) con las ondas pintadas sobre las paredes del camellón en el Viaducto, el único indicador de que ahí corre el confinado río Piedad. Después hay que responder una pregunta, ¿cuál preferimos?

Acueducto de Chapultepec

Acueducto de Chapultepec

Otro testimonio de Chapultepec como sustento hídrico de la ciudad durante la colonia. Del acueducto como tal, no queda mucho. Únicamente podemos imaginar a partir de dos vestigios: el tramo que se encuentra a la altura de la Roma y la caja de almacenamiento que conocemos como Salto del Agua, casi en el centro. Basta caminar por Chapultepec, entre Salamanca y Medellín. En esos casi 300 metros de camellón hay un tramo íntegro y una escultura que recuerda a los conquistadores españoles cargando el cuerpo de una serpiente emplumada. Siempre me preguntado si es casualidad tener asociado un símbolo de dominación a otro del agua. Ojalá fuéramos como Querétaro, con su acueducto bien conservado. En este caso, es comprensible su destrucción, dada la caótica historia de la ciudad. En Salto del agua, la caja con fuente nos hace recordar aquellas viejas ciudades europeas donde el abastecimiento de agua era el sitio de reunión por excelencia.

Canales de Xochimilco

Es el último tramo del sistema lacustre que dominó el valle de México, antes de la llegada de los españoles. Además de servir como escenario de borracheras, es un punto estratégico para comprender y replantear el funcionamiento del agua en la ciudad. Este lugar de flores sirvió de granero a los antiguos mexicanos. Hasta la fecha conserva viva la práctica de cultivo tradicional en chinampas, así que es un testimonio vigente de la antigua relación de respeto entre el hombre y el lago. Si en los canales más turísticos (embarcadero Nuevo Nativitas) de Xochimilco todavía es posible observar aves migratorias. Esto mejora cuando se navega desdeembarcaderos menos transitados. Cuemanco es el lugar ideal. Sus recorridos atravisan una buena parte de la zona chinampera y en ellos se aprecia mejor la diversidad de aves y reptiles de la zona. En un día despejado, la vista a los volcanes puede completar esta experiencia que, literalmente, te lleva en trajinera al México prehispánico. Recientemente una noticia consternó a Xochimilco: investigadores notaron un descenso en el número de axolotes, una salamandra endémica del valle. Ojalá sea una tendencia reversible, porque de extinguirse esta bellísima especie se perdería otro de los tesoros conservados por el agua.

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San Jerónimo

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