Testosterona

Teatro, Comedia
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Testosterona (Foto: Alejandra Carbajal)
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Aunque hablan poco sobre sus vidas privadas, ellos se conocen muy bien, incluso mejor de lo que imaginamos. Dedican sus encuentros para editar el periódico en el que trabajan y que está a punto de salir a imprenta. Sin embargo, pese a su cercanía, a Miky y Antonio sólo les faltaba permanecer encerrados una noche en el punto más alto del rascacielos que alberga sus oficinas, para entenderse todavía mejor.

Ellos son los personajes que creó la dramaturga Sabina Berman, quien ha brillado gracias a sus exhaustivas revisiones a protagonistas fundamentales de la cultura universal, como Molière o Sigmund Freud. Berman debe su prestigio como directora y dramaturga a sus exploraciones escénicas, a partir de la complejidad de las relaciones contemporáneas. Más aún, retrata a parejas cuyo entendimiento privilegia lo intelectual sobre lo sentimental. Parejas cuya ideología y acciones representan polos opuestos y, al final, complementarios.

Tal es el caso de Testosterona, la obra que Sabina escribe y dirige, bajo la producción de su siempre cómplice Isabelle Tardán.  Sabina –en su rol de autora– vuelve a la carga con temas que se emparentan con los abordados en otras de sus obras como Muerte súbita (1988) y, principalmente, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda (1993). A las confrontaciones sexuales, intelectuales y de género expuestas en esas obras, se agrega una abierta discusión sobre el poder, representado por la oportunidad para asumir la dirección de un importante periódico de circulación nacional en el que Antonio y Miky son director y subdirectora, respectivamente.

Sabina –en su papel de directora teatral– enfatiza la crudeza de las relaciones en un elegante espacio casi vacío pensado por Phillipe Amand, que de no ser por las poco afortunadas proyecciones del paisaje, sería perfecto y nos dejaría sentir que los dos personajes están desnudos, expuestos y en alto riesgo. Lo mismo que los dos actores que Berman eligió para acompañarla en esta nueva propuesta: César Évora y Verónica Merchant.

Aunque es notable el esfuerzo del actor cubano por deslindarse de su trabajo televisivo y llenar el escenario con su recia presencia y atractiva voz, hay algo en su dicción y en su manejo corporal que le impide dejarnos ver todos los tránsitos de Antonio, su personaje. Lo contrario sucede con Merchant, quien cubre y retoca todos los matices que recorre Miky, para hacerle justicia a la dramaturgia poco complaciente y a la dirección lúdica que se hacen visibles, sobre todo, en el segundo acto.

Además de lo ya mencionado, hay que decir que esta obra, por su contenido, se antoja en otro espacio teatral, más íntimo y apropiado para escuchar los disparos –hormonales– que lanza Berman en cada diálogo.

Por Enrique Saavedra

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